Cuba y su desarrollo: ¿qué lugar en la agenda?

El discurso del gobierno cubano desplaza su centralidad hacia las condiciones de vida de la sociedad, el supuesto de una gestión para el desarrollo económico, y un bienestar anhelado, que no se atreve a prometer, pero considera ineludible. En tanto, hace énfasis en los obstáculos que provienen del norte, pero también en las deficiencias internas y en el reto de lograr una mayor relación económica con el mundo. Hace tiempo que, para muchos, esto quedaba claro y lo ubicaban entre los desafíos centrales. Ahora, al parecer, pudiera haber mayor coincidencia entre las prioridades de éstos y del ejecutivo. Incluso, tal vez, las nuevas autoridades comprendan que ésta ha de ser “su sierra maestra”. Ojalá que, de algún modo, esto sea así.

Frente a ello, existe el conflicto con la administración estadounidense, que incrementa las medidas que afectan la economía de la Isla; lo cual agrava las dificultades ya padecidas por la reducción de los vínculos económicos con Venezuela, como resultado de la crisis en ese país. No obstante, aun así hay mucho por andar.

Están los retos vinculados con las deformaciones estructurales del “sistema económico-laboral” y la comprensión de cómo solucionarlas. Sin embargo, esto no se resolverá sin hacerlo en medio de una faena aguda que procure la internacionalización de la economía cubana. Reconocidos economistas aseguran que ya no existen economías nacionales, sino sólo una economía global. Esto, por supuesto, queda integrado al hecho de que cada país posea una estructura económica y la gestione, de manera esencial, para el beneficio de su sociedad.   

La internacionalización económica será factible sólo si contamos con un sistema empresarial pujante, capaz de aportar aspectos económicos domésticos a éstas y a otras “cadenas”.

En la compresión de esto, el gobierno aboga por la revitalización de las empresas, porque casi todas generen capacidad de exportación, y por intensificar la cooperación y la inversión extranjeras. Lo anterior reclama también el empeño por colocar aspectos de la economía doméstica en las “cadenas internacionales de producción de valores”. Esto resulta difícil y, en cualquier caso, requiere de esfuerzos, recursos y tiempo; sin embargo, se hace imprescindible. De lo contrario, no tendríamos por qué ser necesarios, aunque sea modestamente, en el entramado económico mundial y, por ello, no poseeríamos mayor garantía en torno al necesario interés de otros por el desarrollo y la estabilidad de la “economía cubana”.

Reitero, el conflicto con la administración estadounidense dificulta lo anterior. No obstante, ahí están Rusia, China, la Unión Europea, y otros países, dispuestas a interactuar con la “economía cubana”. Esto constituye una potencialidad para lograr una amplia cooperación, que implique un proceso intenso de inversión, e integre todo esto en función de la vitalidad del “sistema empresarial cubano” (ojalá que público, social y privado), y sobre estos pilares (y otros) comenzar a colocar aspectos de la economía doméstica en las “cadenas internacionales de producción de valores”, a través de las “cadenas” en las cuales participan Rusia, China y la Unión Europea -por sólo citar los ejemplos ya señalados.

Esta internacionalización económica será factible sólo si contamos con un sistema empresarial pujante, capaz de aportar aspectos económicos domésticos a éstas y a otras “cadenas”. Igualmente, no será posible sin una evolución integral de la estructura, orientación, estrategia y dinámica socio-económica.

Me surgen interrogantes: 1) ¿Cuáles resultarían aspectos domésticos capaces de ser colocados en las “cadenas internacionales de producción de valores”? 2) ¿Qué sectores poseen potencialidades para el desarrollo de estos aspectos y de todos aquellos otros posibles? 3) ¿Cómo identificar estas potencialidades en todas las localidades del país; y qué estrategia orientar para desarrollarlas en cada localidad? 4) ¿Cuáles inversiones serían necesarias para sostener el avance progresivo de estos sectores? 5) ¿Cómo lograr un adecuado proceso de inversiones que pueda concretarse en corto tiempo y adelantar la creación de un sistema empresarial capaz de generar empleos, salarios, producciones, servicios y bienestar? 6) ¿Es posible concebir el desarrollo de empresas (públicas, sociales y privadas), entendidas como “un sistema” de elementos equitativos, con auténticas facultades de gestión, que compartan la responsabilidad por el bienestar y por los fines del Estado? 7) ¿Cuáles podrían ser las mejores estrategias y políticas para el desarrollo de las finanzas y su valor? 8) ¿Cómo podrían extenderse las capacidades crediticias de los bancos nacionales? 10) ¿Podrían participar bancos extranjeros o mixtos en estas capacidades crediticias? 11) ¿Cuáles resultarían las estrategias y políticas tributarias más efectivas? 12) ¿Qué fundamentos sostendrían una estrategia eficaz y una política eficiente, que aseguren una distribución racional de los ingresos tributarios?

Esto constituye una potencialidad para lograr una amplia cooperación, que implique un proceso intenso de inversión, e integre todo esto en función de la vitalidad del “sistema empresarial cubano” (ojalá que público, social y privado).

Puedo sostener, con alguna certeza, que el gobierno enfoca su preocupación por el desarrollo y trabaja en ello. Sin embargo, desconozco las preguntas que puedan hacerse los ejecutivos y menos las respuestas que podrían considerar; pues sólo escucho de sus faenas cotidianas. Imagino que el desconocimiento acerca de esta búsqueda no signifique una carencia de ella o que sólo se refiera al mero quehacer de agencia; porque los desafíos de nuestro desarrollo demandan grandes preguntas y complejas respuestas, así como la capacidad política de edificar tales contestaciones, sin temer por presuntas consecuencias. De lo contrario, no andaremos hacia el desarrollo, sino rumbo a dos factibles destinos, ambos frustrantes. En el “mejor de los casos”, pudiéramos conducirnos a un empantanamiento, aunque sucedan cosas positivas, en medio de un quehacer al modo de “una marcha hacia ninguna parte”. Y en el “peor de los casos”, podríamos continuar bordeando el precipicio (como advirtiera el propio Raúl Castro) y descender cuesta abajo por el mismo. 

Trabajo publicado en el Boletín INSIDER, en La Habana, correspondiente al día 23 de octubre de 2019.

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