Necesitamos la libertad y el bienestar en el centro de la agenda

Cuba atraviesa sensibles dificultades y, en buena medida, no son producto directo de las políticas de confrontación que gestionan poderes estadounidenses. La responsabilidad primordial está en la Isla y, al menos, proviene de temores ante el imperativo de ensanchar la autonomía de los ciudadanos.

Cuantiosas pudieran ser las muestras de realidades que lo exigen. Entre ellas: la carencia de un modelo económico y, a su vez, la asfixia impuesta a la “competencia ideológica” de un quehacer económico autónomo, raquítico pero eficaz; el desabastecimiento de tantos productos, en muchísimos casos de primerísima necesidad, y las filas deshumanizantes (por todo lo que ocurre en ellas) de personas en los mercados para adquirir algunos de estos; el pago de precios al comprarlos que serían altos aun para quienes disfrutan de salarios del “primer mundo”, mientras la generalidad de la sociedad sólo accede a retribuciones simbólicas; y la decisión de no atender ninguna opinión ajena a la cúspide política que pretenda aportar a la solución de estos entuertos y de otros.    

El agotamiento de la ciudadanía como consecuencia de la postración del modelo social ya resulta inquietante. Para comprobarlo basta escuchar a las personas en laS filas para tomar el ómnibus, comprar el pan, adquirir medicamentos en las farmacias y en los taxis boteros, etcétera. Asimismo, dan pena los golpes que, con mucha frecuencia, se propinan conciudadanos durante la concurrencia en las filas para acceder a los deprimidos mercados; y la incipiente, pero riesgosa, organización vandálica de jóvenes que en muchos casos son casi niños.

También podemos advertir dicho agotamiento en sucesos con una mayor expresión política. En una sola semana, por ejemplo, acontecieron los hechos relacionados con el artista Luis Manuel Otero Alcántara y con emprendedores económicos autónomos, santaclareños, que manifestaron protestas delante de la sede del poder político/gubernamental de la provincia. Además, debo señalar que la actuación de las autoridades en ambos casos pudieran expresar el inicio de una manera nueva de relacionarse con estos conflictos, si bien la asumieron casi en última instancia.   

El país no puede continuar descendiendo. Frente a todo esto que, además, sucede a la manera de un círculo vicioso, hemos de colocar en el centro los temas de la libertad y del bienestar. Dicha centralidad no tiene que ser excluyente de otras prioridades como la soberanía, la equidad y la concordia. Tendrían que ser congregantes de cuantas prioridades posea toda la diversidad social y toda la pluralidad de apreciaciones políticas.

Sin embargo, para que la concordia sea posible las autoridades tendrían que convocar o, al menos, abandonar las rigideces y canalizar estos agotamientos y todas las potencialidades del país con suma sensibilidad y ponderación. De lo contrario tal vez llegue a ser indetenible la marcha hacia una complejidad muy lamentable.  

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