Un fantasma recorre el mundo

Por Michel Fernández Pérez

Un fantasma recorre el mundo y no es el comunismo. El Coronavirus en menos de cuatro meses ha conseguido lo que ni las guerras mundiales, las crisis económicas y los desastres naturales han podido alcanzar, que es prácticamente paralizar el mundo.

El mundo que vivimos a inicios del siglo XXI difiere mucho de los anteriores que se enfrentaron a pandemias similares. Debido a los altos niveles de interconexión social existente y a la velocidad con que se realizan los movimientos de personas, que en este caso son lo más importante, el Covid-19 pasó de una ciudad china, que estoy seguro casi nadie había oído nombrar, a infestar en casi todos los rincones de la Tierra. Este ha sido el primer virus globalizado en tiempos de Internet. ¿Cómo nosotros, humanos pretensiosos, íbamos a pensar que se podía globalizar solo las mercancías, los gustos, las modas o las comidas? La globalización es como un hotel todo incluido; viene con lo bueno, pero lo malo es también inevitable.

Casi siempre los males de la humanidad están allí donde mayor es la pobreza y donde el sistema capitalista mundial crea y mantiene países en condiciones de subdesarrollo inimaginables para la mayoría de los ciudadanos del mundo desarrollado. En este caso, el mal comenzó en sentido inverso. De los países más desarrollados se ha ido extendiendo al resto del mundo.

Si los resultados de este virus han sido catastróficos para países con sistemas de salud funcionales y con recursos materiales y humanos, aún no sabemos cómo será cuando golpee a los países menos desarrollados, que no cuentan siquiera con gobiernos que controlen realmente todo su territorio. Un desgarrador adelanto de esto podría ser lo que sucedió en la ciudad de Guayaquil, Ecuador.

Los efectos del Coronavirus son mucho más intensos en los grupos sociales históricamente excluidos y discriminados. Las tasas más altas de mortalidad están en las comunidades más pobres, con menos acceso a los servicios de salud. Estas, además, por tener que sobrevivir no pueden darse el lujo de aislarse socialmente y tienen que continuar trabajando en almacenes, en servicios de entrega de comida, la agricultura, la producción de alimentos, entre otros trabajos manuales mal pagados y sin las condiciones mínimas de seguridad para evitar la propagación de la enfermedad.

La forma de enfrentar la crisis ha dependido de las decisiones nacionales de cada Estado, a pesar de que los impactos son globales. La mayoría de los gobiernos han optado por medidas fuertes de cuarentena, distanciamiento social y suspensión de todas las actividades no esenciales; mientras que otros Estados, los menos, han decidido priorizar los indicadores económicos sobre las medidas para disminuir los niveles de propagación del virus. Hasta la fecha los mejores resultados corresponden a los que agresivamente han decido tomar medidas drásticas para evitar la propagación del virus, como es el caso de Nueva Zelanda. Las diferentes políticas de enfrentamiento al Covid-19 pueden crear situaciones que socaven los resultados más exitosos y alargar más el tiempo de la presencia de la pandemia a nivel global.

En estos momentos la mayor incertidumbre es acerca de cuánto tiempo estaremos en esta situación. Mientras no haya una vacuna o un tratamiento efectivo, el virus va a seguir causando serios problemas y la vida no podrá ser recuperada de la forma que era antes de este evento. El mundo está en pausa.

Más que nunca se ha dependido del desarrollo científico para solucionar un problema. No solo en relación con la búsqueda de la vacuna, los tratamientos y las nuevas formas de producir los equipos necesarios para dar atención médica. Sino también por el papel trascendental de Internet y las tecnologías de la comunicación, que se han vuelto imprescindibles en estos momentos.

En los debates sobre la crisis han emergido temas como el rol fundamental de los sistemas de salud pública, para garantizar la existencia de personas, en contraposición a la privatización de los servicios de salud. Igualmente, la necesidad de una Renta Básica Universal, el impuesto sobre la riqueza y el rol de los Estados frente a los mercados.

Personalmente no creo que vaya a existir un cambio esencial de las formas en que entendemos y vivimos las relaciones sociales y políticas. Podrá haber cambios de forma en la interacción social, pero no serán definitivos ni marcarán un cambio de época en la historia de la humanidad.  Parafraseando a Marx nuevamente, todavía estamos en los inicios del largo y doloroso alumbramiento.

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