Dejar a un lado políticas de sanciones y guerras

Eugenio R. Balari.

El dañino y letal virus, que al expandirse mundialmente se convirtió en pandemia, mantiene en gran inquietud a la humanidad. La actual sociedad es protagonista y espectadora al mismo tiempo de uno de los acontecimientos mundiales más dramáticos que se haya vivido; pero ahora es necesario, ante todo, salvar a la humanidad lo más que se pueda.                                                             

Se comprende que mientras no exista una eficaz vacuna, o medicamentos curen a los enfermos, deberá utilizarse el aislamiento de las personas o cuarentenas como medidas convenientes para evitar nuevos contagios y mayor propagación del virus.

Junto al aislamiento ha de establecerse un conjunto de otras medidas de higiene personal y protección individual. Ellas se orienten, sin dilación, por autoridades sanitarias, gobiernos y medios de comunicación.

Ante la dramática disyuntiva (vida humana vs economía) no debe existir duda. Se requiere hacer todo lo posible por salvar vidas y proteger personas. Ello es elementalmente ético y humano. Sin subestimar la economía, habrá tiempo para su recuperación. Las vidas humanas se pierdan, serán imposible recuperarlas.

Se comprende que en situaciones como esta el aislamiento o cuarentena es una medida imprescindible; aunque obliga a que personas (activas laboralmente) abandonen sus puestos de trabajo, o a patrones cerrar negocios. Pero si se quiere paralizar contagios y reducir muertes, buscando la solución definitiva, se hace imprescindible tal proceder. Esto supone que cualquier país del mundo dispuesto a proteger la vida de sus ciudadanos efectúe paralizaciones de actividades económicas, aunque surjan indeseadas consecuencias económicas y desempleo.

Ante tales circunstancias gobiernos y autoridades han de crecerse y mostrar su capacidad en las diferentes instancias. Deberán discriminar en el conjunto, lo que resulta imprescindible mantener activo y lo que pueda paralizarse. Igual, es imprescindible garantizar a la población sus necesidades esenciales, así como otros compromisos ineludibles del país.                                                        

Los gobiernos y las autoridades deben comprender que no estamos ante circunstancias normales, sino frente a una catástrofe humanitaria.

No son momentos de egoísmos o afanes de lucro o atesoramientos de riquezas (individuales o de países), a pesar de que la crisis económica aumentará la pobreza y el desabastecimiento en alimentos y otros bienes. El instante reclama apoyos recíprocos y común solidaridad.

Se debe tener en cuenta que el desempleo aumentará universalmente y de manera dramática en los países pobres. Millones de trabajadores y familias quedarán en el desamparo social; sin acceso a los alimentos u otras necesidades esenciales. Habrá más miseria en el mundo.

No se puede obviar que esta pobreza ya existente en países de la región, y ante la presencia de gobiernos insensibles y corruptos, desate situaciones sociales explosivas, cuyo fin no será otro que la sobrevivencia humana.

Asimismo, tendremos recesión mundial. Por ello será imprescindible, como lo solicitaran el Papa Francisco y el Secretario General de las Naciones Unidas, dejar a un lado políticas de sanciones y guerras. Los gobiernos deberán buscar armonía y solidaridad entre todos, uniéndose y luchando en común contra la pandemia. El virus no reconoce países, etnias, diferencias económicas, ideologías, clases sociales o hegemonía alguna.

Se hace inminente pensar en programas económicos/sociales de contingencias que permitan mitigar situaciones críticas de hambre y desesperación social. Es necesario prevenir y prevenir y prevenir, para así adelantarse a los peores acontecimientos que puedan ocurrir.

Los planes de contingencia probablemente deban sean atípicos y, por ende, rompan esquemas y convencionalismos económicos o sociales. Pero se trata de preservar la especie humana. Si se gana esa batalla; luego vendrá la normalidad y la recuperación de la economía y la sociedad.                                                                                       

Ya la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) realizó un pronóstico regional y por países. Pero a partir de la comprensión de los daños que continuará provocando la pandemia, reconoció que tal análisis demandará reconsideraciones.                                                                     

Al momento de redactar estas líneas aún no existen informaciones (estadísticas) confiables acerca los impactos económicos en general, o de la Unión Europea o Estados Unidos o China u otros países. Sólo se dispone de datos fragmentados e imprecisos.

Ahora corresponde salvar vidas y evitar una posible hambruna que ocasione adicionales daños. La humanidad es lo más importante.

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