Víctor Batista Falla: nobleza de espíritu

Por Rafael Rojas.

Hace una década la editorial El Equilibrista, de Diego García Elío, hizo la primera edición del ensayo Nobleza de espíritu (2009) del pensador holandés Rob Riemen. Eran los años de la crisis económica y de la epidemia H1N1 y el libro alcanzó una recepción favorable. Más recientemente, en medio del nuevo ascenso fascista, Taurus lo rescató y Riemen se lee hoy como una de las voces mejor entonadas en la defensa de la vapuleada tradición humanista occidental. Prologado por George Steiner, Nobleza de espíritu (2017) es un tributo al europeísmo cosmopolita y progresista, personificado en Goethe y Mann. Poco tiene que ver su crítica a los nacionalismos y los fascismos con poses espiritualistas o aristocratizantes. Tampoco con arrogancias racionalistas o ilustradas: sus deudas mayores son con Spinoza y Kierkegaard, no con Descartes o Hegel. La nobleza espiritual que demanda es la de un universalismo humilde y solidario.

Recordé el libro de Riemen al saber de la muerte de un amigo en La Habana. Se llamaba Víctor Batista Falla (1933-2020) y murió de coronavirus en su primer y único viaje a la isla, después de sesenta años de exilio. Provenía de una rica familia de banqueros y hacendados, de origen santanderino y formación católica. Su hermano, Laureano Batista, fue uno de los fundadores del Movimiento Demócrata Cristiano, en 1959, junto a José Ignacio Rasco y otros intelectuales católicos cubanos.

“En los años 90, residiendo ya en Madrid, Batista Falla apoyó a Jesús Díaz en la fundación de la revista Encuentro de la Cultura Cubana (1996-2009). Fue aquella la publicación de temas cubanos más importante, fuera de la isla, en el cambio de siglo. En ella colaboraron autores y autoras de todas las generaciones y residencias”

Batista Falla se exilió en 1960, cuando la Revolución con la que había simpatizado comenzó a radicalizarse por la vía marxista-leninista. En Nueva York fundó y dirigió con Raimundo Fernández Bonilla la revista Exilio (1965-1973), donde publicaron las principales figuras de la intelectualidad cubana fuera de la isla: Lydia Cabrera, Eugenio Florit, Gastón Baquero, Lino Novás Calvo, Humberto Piñera Llera. A fines de los 70 respaldó al narrador, poeta y ensayista Octavio Armand en la edición de otra revista, Escandalar, una publicación vanguardista que abrió sus páginas a escritores cubanos de generaciones siguientes como Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Antonio Benítez Rojo o Reinaldo Arenas.

En los años 90, residiendo ya en Madrid, Batista Falla apoyó a Jesús Díaz en la fundación de la revista Encuentro de la Cultura Cubana (1996-2009). Fue aquella la publicación de temas cubanos más importante, fuera de la isla, en el cambio de siglo. En ella colaboraron autores y autoras de todas las generaciones y residencias: desde el poeta Gastón Baquero y el historiador Manuel Moreno Fraginals, exiliados en Madrid y Miami, hasta Antón Arrufat y Reina María Rodríguez, que vivían en La Habana.

Desde su primer número, en 1996, Encuentro dio una clara relevancia al ensayo. Batista Falla, como demuestran sus propias colaboraciones en la revista (Jorge Mañach y los orígenes de la nacionalidad cubana, Manuel Moreno Fraginals y la historia de España y Cuba, música y literatura en la obra de Julián Orbón, Louis A. Pérez y la identidad cubana en Estados Unidos), confirmó entonces que el género del ensayo actuaba como espejo del debate nacional en la esfera pública.

“Batista Falla se exilió en 1960, cuando la Revolución con la que había simpatizado comenzó a radicalizarse por la vía marxista-leninista. En Nueva York fundó y dirigió con Raimundo Fernández Bonilla la revista Exilio (1965-1973), donde publicaron las principales figuras de la intelectualidad cubana fuera de la isla: Lydia Cabrera, Eugenio Florit, Gastón Baquero, Lino Novás Calvo, Humberto Piñera Llera”

La idea de su último gran proyecto, la editorial Colibrí (1998-2013), nació de aquella certeza. El catálogo de Colibrí (Carmelo Mesa Lago, Marifeli Pérez Stable, Alejandro de la Fuente, Roberto González Echevarría, Gustavo Pérez Firmat, Lynn Stoner, Anke Birkenmaier, Jorge Luis Arcos, Antonio José Ponte, Jorge Ferrer, Duanel Díaz, Enrique del Risco…) es un archivo ineludible de los estudios cubanos contemporáneos.

No le gustaba a Víctor Batista la palabra “mecenas”. Prefería asumirse como lo que era, un intelectual dedicado a la fundación de revistas y la creación de editoriales. Un noble del espíritu que hizo suya la máxima de Thomas Mann: “no hay que desposeer a los humanistas de su función pedagógica, pues son depositarios de una tradición: la de la dignidad y la belleza”.

Trabajo publicado originalmente en La razón.

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