Una apuesta por el bienestar social en tiempos de coronavirus

Por Lilian Rosa Burgos Martínez

  1. Tiempos de crisis global.

Días atrás amigxs virtuales compartieron un cartel con una consigna muy consistente que trataré de parafrasear: la romantización de la cuarentena es un lujo posible solo para lxs más favorecidxs. Haciendo coincidir toda razón y entendimiento al respecto, puede asegurarse que el impacto de una crisis, de cualquier orden, tiene un reflejo directo en las personas más vulnerables socialmente.   

La romantización de la situación difícil que se vive en la actualidad a consecuencia de desatarse esta pandemia global tiene un efecto enajenante para las personas. Desde esta ´´supuesta idealización de la vida y de las circunstancias difíciles´´, resulta imposible percibir el peligro real que amenaza la existencia de tantas personas ante la emergencia de la COVID-19. Los pronósticos clínicos y sanitarios han sido limitados, ante una enfermedad que vulnera la salud de niñxs, jóvenes y adultxs de mediana edad, recrudeciéndose en personas ancianas y en personas con afecciones crónicas no transmisibles.

Ver ´´con lentes de color rosa´´ la cuarentena, aun siendo esta la alternativa más conveniente, no puede ser la opción colectiva en tanto sepamos que las personas que no tienen una fuente estable de ingresos económicos y que su sustento depende de la comercialización diaria de productos variados, no pueden quedarse en casa todo el tiempo.       

El nuevo coronavirus es un suceso natural que tiene un impacto político, económico y social notable. El análisis que denuncia las estrategias políticas de Estados que, beneficiándose de la crisis existente, impulsan políticas para acentuar la desigualdad social ha sido puesto en escena. Las medidas económicas implementadas o no desde los gobiernos, para asegurar el funcionamiento de sistemas sanitarios ante el riesgo inminente de colapso total, han devenido blanco para el cuestionamiento también. Las inventivas macroeconómicas para asegurar y prevenir la emergencia de una situación de paro social y para contrarrestar los efectos del recrudecimiento de la crisis económica resultante, han bordado el discurso de economistas y analistas sociales. Tras tantas alternativas posibles de reparación, vuelven a conjugarse polémicas consecuentes al papel que tienen significantes como: poder, control social, responsabilidad cívica y libertades fundamentales, en el análisis crítico de la situación que se ha desatado y agudizado por el coronavirus.

  • Trauma social ante la pandemia.  

El trauma social aparejado a la propagación del virus SARS-COV2 puede entreverse tras el análisis de las secuelas que dejará, en aquellos países más afectados, la experimentación de una pandemia que hace latente la situación de exterminio, percepción de muertes masivas, destrucción del funcionamiento ordinario de la vida cotidiana, sentimiento de desprotección sanitaria e incertidumbre existencial de sus ciudadanxs. Justo estos acontecimientos que se viven de múltiples formas por personas y sociedades, van dejando huellas crecientes (De acuerdo al Informe de la Organización Mundial de la Salud han perecido más de 151 000 personas a consecuencia de la COVID 19 en todo el planeta) semejantes a los efectos devastadores de una guerra o una gran catástrofe internacional.  

Las noticias que narran cómo se ha vivido la pandemia en algunos países, son aterradoras: cientos de ancianos han sufrido el desamparo sanitario en residencias españolas, se han improvisado hospitales de campaña en Central Park ante el colapso del sistema sanitario en New York. En Italia se ha desatado la campaña ´´El derecho a decir adiós´´ ante las solicitudes de pacientes que al borde de la muerte reclamaron dar un último adiós a sus familiares. Desde la iniciativa de un grupo de militantes del partido demócrata de Milán, se compraron tabletas electrónicas para hacer posible mediante videollamadas el último anhelo de tantas personas enfermas.     

En países como Cuba, también se han sentido los efectos resultantes de la propia cuarentena y de la crisis social emergente. La situación de confinamiento y aislamiento social, ha tenido consecuencias abrumadoras para la salud mental de familias, que han modificado rutinas y proyectos inmediatos ante la nueva contingencia.

La sensación de falta de cronología cotidiana, sentir la libertad restringida, experimentar el encierro y la de tantos servicios públicos suspendidos, ver las calles desoladas, percibir que el miedo o la precaución social se erige por encima del bullicio y alegría cotidiana, para muchos puede ser un panorama angustiante. Para otros, este escenario aparentemente gris, puede colorearse de la forma más inesperada: desde estos lentes vivir la cuarentena significa pasar un tiempo mayor junto a la familia, disfrutar e inventar nuevos juegos con los hijxs, despertarte un poco más tarde o tener más tiempo para leer y escribir.

Para tantos como yo y tal vez como usted lector, lectora y más; la cuarentena puede ser a veces tan buena como disfrutar la estancia en casa y el tiempo a favor de la familia y lxs hijxs, y a veces tan difícil como sentir el peso y la intensidad de los cuidados y la carga doméstica, incluso cuando esta sea compartida con otros miembros de la familia.

Ante tanta incertidumbre global, la apuesta por el bienestar social es necesaria. Organismos internacionales como la OMS y la ONU han convocado a afrontar esta pandemia desde la práctica de principios humanistas de solidaridad, compromiso social y responsabilidad cívica. Una crisis más que nada es un desafío para cualquier sistema: social, político, económico, sanitario, familiar y humano.     

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