Después del Covid-19 habrá que suplantar todo lo que haya sido ineficiente

Por Roberto Veiga González

El Covid-19 exterioriza y acrecienta las dificultades de todas las sociedades del orbe. También de Cuba.

La profesionalidad y humanidad de los actores de la salud pública han prefigurado el impacto de la pandemia en la Isla, aunque ella puede resultar un “ente incontrolable”. Los procesos de detección de los focos virales, control de los efectivos y posibles contagios y atención a los enfermos, han estado caracterizados por la organización, la celeridad y la eficacia.

Es factible sostener que en cuanto a los asuntos directamente vinculados con la tragedia, el gobierno se desempeña con suficiente previsión, competitividad y eficiencia. Si bien queda pendiente una exploración y balance integral del mismo, ya sea en sus dimensiones nacional, provinciales y muncipales, así como de los consejos populares y los delegados de circunscripción.

Sin embargo, en medio de esta emergencia ha sido muy nocivo el cometido de estructuras con deslegitmización de larga data, pero sostenidas por tozudez. Me refiero, por ejemplo, a la organización del comercio interior y de Acopio. Después de esta lamentable experiencia, que ha puesto a prueba cada realidad de modo abrupto, sería imprescindible suplantar todo lo que haya sido ineficiente.

Tambien se descubren en las esfera pública inquietudes sobre excesos de las fuerzas del orden con personas que vulneran las medidas de protección dictadas en el actual sui generi “estado de emergencia”. Igual abunda la preocupación por la falta de exigencia de las autoridades frente a las excesivas aglomeraciones de cubanos, por lo general vinculadas al imperativo de acceder a medios de subsistencia.

Ciertamente, la precariedad económica de la sociedad, la depresión de los mercados y la incompetencia de las redes de distribución, colocan a los cubanos al borde del peligro; sin embargo, ello pudiera asumirse con mejor actitud. Han faltado cuotas necesarias de civilidad, aunque sea imposible generalizar esta opinión.

Habrá que comprender cómo hacer evolucionar las cualidades ciudadana y policial. Cuba lo merece.

La pandemia afecta la economía de casi todos los países. Además, ha ocurrido casi a la vez para todos y en igual instante. Por ello no fueron posibles medidas para contener y atenuar. Igualmente, la recuperación forzará a que las potencialidades se vuelquen hacia las necesidades locales y la cooperación internacional sea más escuálida. Será un proceso super complejo.

Pero antes de esta pandemia ya la economía cubana estaba mucho más deteriorada que la mayoría de las economías que ahora deberán salir de un crisis profunda. En tal sentido, estaremos entre los más afectados.

Considero que será ineludible y urgente una reforma importante de la estructura y gestión de la economía cubana.  

La reunión del Consejo de Ministros del pasado 4 de mayo expresó la preocupación del actual equipo de gobierno acerca de la economía y del inquietante deterioro del bienestar social. Es posible asegurarlo a partir de la sensiblidad advertida sobre los asuntos tratados en la misma que fueron publicados por la prensa.     

No obstante, aconteció una irregularidad con la nota de prensa que daba cuenta de la cita. Ella fue retirada de los medios y adecuada según algún criterio poderoso, tal vez no del propio Consejo de Ministros. Esto resulta mucho más fatal políticamente que las posibles impresiciones de criterios por parte de algunas autoridades que pudieran haber sido presentadas en el despacho de prensa.   

Por otro lado, no considero oportuno el argumento oficial acerca de la necesidad de sustituir el texto porque era necesario desaparecer visos de incertidumbre. A partir del cotejo entre la primera versión y la definitiva, estimo que los énfasis desechados no expresaban ningún tipo de pavor, sino quizá empatía, lo cual constituye una virtud política, humana. Tal vez por eso este suceso implique un error múltiple.

No se debe temer a las palabras.

Esta fragilidad ha conllevado a sinrazones, desafueros. Actualmente se embisten opiniones emitidas en redes sociales o iniciativas artísticas, a través de métodos y castigos impropios. Nadie y menos un Estado debe sentir que le afecta una posición diferente o una critica, aún si esta llega a ser impulsiva o irritada.

Desgraciadamente, en estos momentos ciertos espacios, donde se pronuncian cubanos de las disímiles proyecciones ideopoliticas, son reflejo de una expresión nacional signada por la confrontación creciente.

Es imprescindible aceptar las diferencias y la tensión cívica y democráctica entre estas.

El Estado no debe continuar permitiendo que su aprensión por la opinión ajena y el necesario afán de la ciudadanía activa agravien la República. A la vez cada ciudadano, cada opinión, cada demanda, deben convertir la libertad individual y social en el alma de la República y del Estado de derecho que desamos.

Sólo esta convergencia lo hará posible.     

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