Maternidad y feminismo

Por Lilian R. Burgos Martínez

Se acerca el día de las madres. Quiero escribir unas letras para las madres, padres, abuelxs, tíxs y personas que puedan leerme. No quiero escribir postales con flores. Me gustan los lirios, pero están demasiado clicheadas esas imágenes.  

Quiero escribirle a mi madre una nota realística. Describir la belleza que se descubre tras darle la vida a otra ser humana, pequeñita y hermosa como Alma. Quiero contarle de esto y más: atreverme a decir lo que las mujeres muchas veces callamos y soportamos desde el silencio por el miedo a ser cuestionadas, censuradas e incluso estigmatizadas con la etiqueta de ´´mala madre o mujer desnaturalizada´´.  

La maternidad como e-lección

La experiencia de la maternidad es en sí misma transformadora. Yo sentí que mi vida cambió cuando Alma nació. Después de concebirla, cuidarla desde mi vientre y parirla ya no puedo ser la misma. Mucho menos después de verla crecer y educarla cada día de mi vida. Ciertamente, en esta difícil función de crianza, he estado acompañada. Alma tiene madre y un padre bueno, auténtico y amoroso, que nos estrecha las manos.

Mi maternidad ha sido más que idílica y romántica: siento un amor inmenso por mi hija con sola mirarla, siento angustia y miedo de lo que pueda pasarle, siento ira cuando sale corriendo y no quiere dormir en el momento que más necesito sentarme en la computadora a trabajar, siento tristeza cuando veo aplazados mis sueños y proyectos profesionales, siento pena de mí cuando se me corren los horarios y las manos se me agrietan por la dermatitis que me provoca el contacto con el trabajo agotador e incesante.

Ante los mitos e ideales que rebasan el ejercicio de ´´maternidades perfectas y desbordadas en entregas´´ he decidido alzar mis banderas de rebeldía. Me he permitido ser una ama de casa imperfecta a consciencia, me esfuerzo por trascender las culpas y remordimientos que me surgen por defender, en medio de mis responsabilidades y funciones marentales, mi autonomía. He querido demostrar y demostrarme a mí misma que puedo ser madre de una niña de casi dos años y ser una buena profesional, aunque necesite dormirme a las dos de la madrugada terminando algún trabajo pendiente. Hay días que siento que lo logro, otros dudo de mí y de todo a mi alrededor.  

Maternidad: más que una renuncia, una apuesta

Imaginarios sociales aleccionadores promueven estereotipos e ideales de maternidad perjudiciales para tantas mujeres que habitamos este mundo, herederas del legado patriarcal.  Ser buena madresposa de acuerdo a la justa definición de Marcela Lagarde, ser dotadas de un instinto que impulsa a reprogramar cierto reloj biológico para despertar el deseo materno y encontrar plena realización en tales actos, ha sido el destino profetizado históricamente para las mujeres. Transgredir estos mandatos ha tenido costos inconmensurables: desde la guillotina, hasta el ultraje, repudio, violencia y feminicidio.

El arquetipo de mujer tradicional, se construye desde espacios privados donde el valor de lo doméstico se sobredimensiona y recae sobre cuerpos femeninos. Cada año los malestares de género se acrecientan desde el testimonio de mujeres que responden con depresiones, ansiedades, somatizaciones y múltiples alteraciones que comprometen su salud psicológica, ante un orden simbólico y hegemónico que reproduce asimetrías y legitima desigualdades por razones de género.  El Patriarcado resurge renovado justo como el sistema capitalista mediante nuevos semblantes como teorías de maternidad intensiva, discursos que alertan futuros traumas de apego si la mujer madre, no está allí de forma omnipresente e incondicional para ese o esa bebé.

Yo he sido partidaria de significar la maternidad desde la apuesta y no desde la renuncia. He decidido sustituir el ´´soy capaz de dejarlo todo y renunciar a todo por mi hija´´ por el ´´soy capaz de apostar mucho más por el bienestar de Alma y de tantas mujeres que conozco´´   

Reaprender a maternar

Hemos aprendido el maternaje desde el mandato hegemónico que nos impone la sobreexigencia de funcionar con eficiencia en espacios laborales y familiares, ignorando las consecuencias en la salud mental, física y sexual de las mujeres. Reproducimos detrás de ese patrón que legitima la abnegación, amor desmedido y obsesivo hacia lxs hijxs, la tendencia a anularnos como mujeres y alienarnos justo en ese lugar de madre cocodrilo metaforizada por el psicoanalista Jacques Lacan. Madre que envuelve mediante un deseo devorador, insaciable y estragante; madre que devora a sus hijxs en su afán de protegerlxs y sacrificarse por ellxs, impidiendo su individuación y autonomía.  Sin correr el peligro de volvernos madres narcisistas que responden con negligencia y desprotección a los retos derivados del cuidar, es aconsejable colocar la maternidad como un área más, que de elegirse, puede dar sentido a la vida de una mujer.

Es tiempo de mostrar una visión más realista de la maternidad: sus dificultades, compromisos, generosidades y placeres. Romper con el mandato patriarcal de ser madres y respetar la elección de cada mujer de hacerlo o no. La legitimación y protección legal de nuevas maternidades, desligadas de la familia tradicional (familias monomarentales, homomarentales, en situación de adopción o acogimiento) constituirían logros favorables y progresistas. Ante las vulnerabilidades presentes en las maternidades menos convencionales, urge el apoyo mediante políticas públicas y respaldo legal.

Quiero mostrarle a mi hija la manera que he encontrado para maternarla en mi vida. Aspiro a que Alma, tal como la mujercita valiente y autodeterminada que figura ser, elija parir ideas, proyectos, saberes e hijxs, si así lo desea.          

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