No hay República ni bienestar sin ciudadanos y trabajadores libres y responsables

Por Roberto Veiga González

Una amplia cantidad de cubanos, que no son números, sino soberanos de la República, demandan el trazado definitivo de un modelo económico capaz de utilizar el universo de potencialidades humanas y asegurar eficacia. Además, lo hacen con el próposito de alcanzar desarrollo y lograr el mayor bienestar compartido posible.

Para esto, como se afirma, será imprescindible todo el mercado posible y el despliegue de todas las formas de propiedad económica. No obstante, ello debe ocurrir en el marco de un sistema económico que coloque al trabajo como centro de las relaciones económicas y como clave de lo social.

Esto, a la vez, exige un modelo sociopolítico que procure vencer la tentación de orientar a las personas y al Estado en función del mercado o a las personas y al mercado a favor del Estado. O sea, resulta necesario un modelo sociopolítico inclinado a colocar al Estado y al mercado al servicio de las personas. Esto, por supuesto, será difícil sin auténticos ciudadanos, sino con un “novus servo suo”.

No es posible la libertad, la igualdad en la libertad y el bienestar, etcétera, sin una “ciudadanía” que sea centro y fin del Estado de derecho y sin un “ámbito del trabajo” que sea clave de toda la cuestión social. Frente a ello se hace ineludible, por justicia, reclamar el empoderamiento de ciudadanos y trabajadores libres y responsables.

En tanto, nada debe distraer del esfuerzo por evolucionar y garantizar el universo de derechos en general (sin perjuicio de lo político, sino todo lo contrario) y de los asuntos y derechos laborales, con especial énfasis en la justa remuneración.     

El trabajo no es el fin de la vida, pero sí un medio indispensable para realizarla felizmente. Con el trabajo la persona da todo lo que tiene de más íntimo e imprime su propia alma en lo creado, para transformar la naturaleza, realizarse como ser humano y contribuir al desarrollo familiar y general. Trabajo son todas las actividades que la persona realiza como una función creativa, tanto de virtudes personales como familiares o sociales. Casi todas las actividades humanas pueden tener un status laboral.

Asimismo, la remunerción constituye un elemento fundamental. Por una parte, siempre resulta el medio primodial que facilita el acceso a “la vida” del ciudadano trabajador y de su familia. Por otra parte, invariablemente resulta un indicador de la condición de cualquier sistema sociopolítico.

Por ejemplo: -Cuando la remuneración cumple su objetivo es porque resulta suficiente y posee valor adquisitivo. -Ella posee valor adquisitivo cuando hay prosperidad económica. -Dicha prosperidad se logra si ordenadamente se hacen posible las libertades naturales dadas para someter la creación. -Además, esta prosperidad económica garantiza, por supuesto, el valor de la moneda, pero la persona también necesita la cantidad suficiente. -Para asegurar esta cantidad es imprescindible la existencia de los instrumentos capaces de hacer cumplir la justicia y la posibilidad de solicitarla. -Y lo anterior requiere de la institucionalización del orden y de la presencia activa de la autodeterminación individual y asociada -incluyendo, como es lógico, la de los trabajadores.

Los debates sobre la libertad, la economía, el progreso, la equidad, el bienestar y el trabajo, etcétera, han de erigirse en torno a un único y mismo debate o no conducirán a ninguna parte. Además, será insuficiente sin el protagonismo de ciudadanos y trabajadores libres y responsables.

Por eso el análisis y debate acerca de cómo solucionar las dificultades de Cuba debe incorporar a fondo todas las cuestiones vinculadas a la economía. Pero igual debe hacerse con muchos otros asuntos esenciales. Entre ellos pueden mencionarse el reconocimiento de las nuevas subjetividades ciudadanas, el desarrollo de un sólido tejido asociativo civil y la democratización de la prensa. Además, no debe faltar el protagonismo de los trabajadores, que deberían hacerlo organizados en sindicatos capaces de orientar al Estado sobre las necesidades y solicitudes de estos (y no a la inversa).

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