Cuba y Estados Unido: ¿necesarias las relaciones?

Por Eugenio R. Balari

Transcurridas aproximadamente seis décadas, sin mediar en la práctica relaciones entre Estados Unidos y Cuba, algunas personas se preguntan si estas son imprescindibles.    

Probablemente el término imprescindible no sea el más apropiado. Las dos naciones, si bien no poseen relaciones, tienen sus propias características y problemas y, a la vez, están vigentes e influyen internacionalmente. A pesar ser que Cuba, la más pequeña, está perjudicada y agredida.

Sin embargo, en no pocas ocasiones las autoridades cubanas han manifestado públicamente su deseo e interés por solucionar los conflictos existen, e iniciar relaciones normales, amigables y de cooperación civilizada.                               

Además, en ocasiones se ha logrado la participación conjunta para impedir o evitar situaciones de conflicto o ciertas actividades que pueden resultar dañinas para ambos países. En Estados Unidos se conocen esos hechos y también en Cuba, porque han sido diversas las cuestiones de interés común que se han coordinado de manera conjunta.

Somos dos países vecinos, muy cercanos geográficamente, que acumulamos amplias e históricas relaciones de cooperación en lo económico y comercial, e igual en otros órdenes.

Seguramente a partir de unos vínculos nuevos y positivos las relaciones podrían ser más amplias y versátiles; como los que existen con cualquier otro país del mundo (ni más ni menos). Solo que cada quien asumiendo sus políticas e intereses.                                                             

El sentido común lleva a pensar que de propiciarse un clima de respeto y armonía en las relaciones entre los dos países, podrían desarrollarse importantes intercambios económicos, comerciales, sociales, culturales, científicos, deportivos y políticos. Parece estar claro que, sin duda, sería posible hacer avanzar mucho más las relaciones y estas serían más fructíferas y multifacéticas.

Igualmente, sería necesario comprender que tales relaciones habrían de desarrollarse en un marco de respeto a las soberanías, donde no quepan embargos, bloqueos, sanciones, campañas mediáticas o injerencia alguna. Tampoco cabrían difamaciones innecesarias e inaceptables.

El ejercicio de una relación acorde a los principios la carta de Naciones Unidas y al Derecho internacional, ofrecería mutuos beneficios para ambos países y oxigenaría el clima político en la región.

Para Cuba, como miembro fundador la CELAC, esto resulta una cuestión de principio. De este modo, contribuiría a evitar tensiones en América Latina y el Caribe, así como al mantenimiento de la región como zona de paz.

Las relaciones de respeto y cooperación entre los estados son posibles, a partir de una civilizada convivencia humana, si bien  bajo diferencias de modelos político/económicos. Además, no tendrían que enmarcarse, como piensan algunas personas, en el terreno económico o comercial. Mucha relación podría desarrollarse también en cuanto a la política, la economía, la ecología, las ciencias, la salud, la educación, la cultura, el deportes, la seguridad u otras tantas esferas de interés para ambos países. 

El gobierno, junto al pueblo cubano, ha estado agredidos; no obstante, Cuba ha mostrado, en el tiempo, su disposición a normalizar las relaciones con Estados Unidos. Una muestra de ello fue lo acontecido durante la presidencia de Obama, cuando se restablecieron las relaciones diplomáticas y acordaron un conjunto de positivos acuerdos, en muchos casos aún pendientes.

Para ello resulta indispensable el respeto al país y a los principios que rigen su desenvolvimiento. En tanto, sería desacertado procurar relaciones a partir de condicionamientos a cuestiones soberanas. Siendo entonces Cuba un país difamado y agredido desde Estados Unidos, la pelota para procurar cualquier mejoramiento en las relaciones se encuentra en la cancha estadounidense.

Deberá quedar claro que con la llegada de la administración Trump se comenzó a desactivar el proceso gestionado por Barack Obama y Raúl Castro y, además, se incrementaron las medidas del embargo/bloqueo u otras sanciones contra Cuba. Por lo que cualquier intento de normalización de relaciones debe corregir este retroceso.

Cuando se utilizan políticas inamistosas o sanciones, las partes se sitúan en posición ofensiva o defensiva, lo cual siempre es dañino. No obstante, las posiciones defensivas suelen absorber simpatías y apoyo mundial, en virtud de la razón y del derecho.

Sería conveniente evitar errores (antes, durante y después de cualquier proceso de normalización de relaciones). No deberían formularse previos condicionamientos, ni cuestionamientos a los sistemas políticos, económicos, jurídicos o institucionales entre las partes. Tampoco podrían dejar de solucionarse sanciones o aquellas cuestiones conflictivas que representan los mayores impedimentos hacia la consecución de fructíferas relaciones y, a su vez, posibilitan nuevos retrocesos. Nunca se debería pretender que cada cual deje de proyectarse en lo político, económico, jurídico e institucional, del modo que piensa y valora. Igulmente, deberían negociar sólo ambas partes, sin involucrar factores ajenos, porque así suelen lograrse mejores acuerdos.

Al valorar los años transcurridos durante la administración Trump y sus estrechos vínculos con los cubanos/americanos de la extrema derecha ultra conservadora de Miami, estaríamos forzados a pensar que sólo una administración demócrata podría retomar (si fuera su interés) la normalización de relaciones entre ambos países. Esto, sin duda, sería de beneficio para las dos naciones.   

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s