Importancia del pensamiento y la dirección científica de la sociedad

Por Dr. Eugenio R. Balari

Existen innumerables definiciones sobre las ciencias. Las resumo considerando que sea el conjunto de conocimientos sistematizados que muestran una esfera del saber humano, lo examinan con rigor y, además, propicia el desarrollo de un dictamen.

Comento el tema, con el aval haber dirigido desde (1971/1990) el Instituto cubano de Investigación y Orientación de la Demanda Interna (ICIODI). Esta fue una institución diseñada hacia el estudio de las necesidades, las demandas y el consumo de la población, al igual que sobre la distribución, los servicios y cuestiones en general del mercado doméstico. También realizó funciones de orientación a la población.

Sus investigaciones y estudios pretendían alcanzar una especie de puente entre la producción, la distribución, los servicios y las necesidades y demandas de la población. Por supuesto, desde la lógica de una economía regida por la planificación centralizada y el mercado interior, a través una distribución normada (racionada).

La pandemia de la Covid 19 ha incorporado algunas ideas acerca de la importancia del pensamiento científico para una “dirección científica” de la sociedad. Esto es razonable, pues cuando las ciencias se desarrollan y utilizan, se reducen equívocos, se toman caminos más certeros y desaparecen subjetivismos o voluntarismos que tanto daño hacen. El sentido común deja claro que no se deben tomar decisiones sobre cuestiones sensibles o fundamentales, sin haber realizado rigurosos estudios que las sustenten.

La sociedad es un sistema que se encuentra organizada a través de variados sub sistemas que, a su vez, se interrelacionan o inter influyen. Por eso la toma de decisiones debe ser capaz de asegurar que cualquier modificación en algún eslabón del sistema no produce alteraciones negativas en otros.

No es que los dirigentes deban ser científicos, sino que tomen en cuenta las ciencias y la labor que desde ellas se desarrolla. En las complejidades de la sociedad contemporánea, la dirección de la sociedad debe orientarse a solicitar estudios que desentrañen, o den a conocer mejor, los problemas que existen y sus potenciales soluciones. 

El pensamiento científico implica una manera rigurosa de analizar y concebir los fenómenos políticos, económicos, sociales o naturales. Al aplicarlo a la dirección de la sociedad, se requiere efectuar sistemáticamente estudios que aporten a la toma de decisiones. Pero, en este caso, ello implica formas de análisis colectivos, desde diversos ángulos o enfoques, lo mismo acerca de problemáticas específicas como generales. Se manifiesta dialécticamente, pues recoge y absorbe nuevas situaciones que concurren (social y económicamente), las estudia y sugiere sobre lo que se debe hacer.

Por otro lado, es necesario comprender que el pensamiento científico es ajeno a dogmas o aferramientos a ideas preestablecidas, tiende a disipar obstáculos sobre situaciones que deben modificarse, e indica caminos convenientes. No se opone a priori al análisis y a la consideración de ideas diferentes a las que predominen o se priorizan en una etapa dada, y otorga espacios a la argumentación y siempre ofrecen oportunidades experimentales. En tanto, propiciar el pensamiento científico exige eliminar juicios o prejuicios acerca de otras ideas que ofrecen posibilidades u otras ventajas, si bien pueden comportar riesgos.

Este pensamiento crece en medios académicos, centros e instituciones de estudios o en organismos diversos de la sociedad. Además, no solo enfocados hacia el exterior, sino mayoritariamente hacia los asuntos internos. Ello requiere ser alentado, igual apoyado y, sobre todo, tomado en cuenta. Fluye en permanente movimiento y búsqueda. A la vez, tiene que ser dentro de marcos que no sean estereotipados o excluyentes; donde se promueva con frescura, posibilitando que aflore y desarrolle sin condicionamientos, inhibiciones, o resistencia alguna.

Sin embargo, no se trata de las ciencias por las ciencias. La cuestión es aprender de ellas y saber utilizar sus resultados, dado siempre las posibilidades de comprobar su eficacia en laboratorios, o socialmente a escala experimental. Tampoco se trata de que toda decisión deba contar con una base científica, ni desconocer los conocimientos o las experiencias que acumulan quienes dirigen, y menos subestimar la praxis.

Pero es preciso comprender que no deben tomarse decisiones trascendentes sin análisis científicos o participación colegiada, porque favorecen equívocos, o posibilita que afloren subjetivismos o voluntarismos. Es absurdo no incorporar este pensamiento y peor desdeñarlo. Es inconsecuente no propiciar su desarrollo o no brindarle los espacios que merece. También es necesario promover su desarrollo ramal y global y, para ello, desarrollar los centros de estudios adecuados.

Igualmente, si desarrollar el pensamiento científico resulta imprescindible, también lo es la dirección colectiva, pues necesitamos evitar enfoques aislados. Hay que aprender a escuchar más y no creer que siempre se posee la razón.

Cuba, al enfrentar con éxitos al coronavirus, manifestó sus decisiones colegiadas, coordinadas y científicas. De esa manera las autoridades guiaron las acciones contra la pandemia, porque lograron evidenciar las causas y el conveniente camino a seguir. La experiencia de la dirección colectiva y el acercamiento de la ciencia a los niveles de decisión, ha sido una lección positiva que debe continuar desarrollándose en el resto los sectores de la sociedad.

En época de avances científicos/tecnológicos y, a la vez, de grandes desigualdades, conflictos y contradicciones mundiales, se hace necesario desatar y propiciar tales actividades y usar sus resultados, incorporándolos a la práctica de la producción y los servicios. Además, poseemos una sólida formación intelectual y vasta experiencia práctica acumulada.

Ante situaciones delicadas e importantes, que impactan a las personas y a variados sectores sociales, deben predominar el pensamiento y la dirección científica de la sociedad, al igual que la conveniente dirección colectiva.

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