Pongamos en la democracia la pasión y la esperanza

Por Roberto Veiga González

La inmensa mayoría de las sociedades actuales viven insatisfechas, incluso en algunos casos aún más que en otras etapas. El decurso impar, ajeno y/o encontrado entre diversos segmentos ha quebrantado la convivencia otrora deseada. Por ello, muchos buscan un nuevo camino, otros términos discursivos y procuran bocetar, con poco éxito, renovados referentes “ideológicos”. 

En mi opinión, hallar tal derrotero puede ser más fácil, más sereno. Está ahí, si bien al modo de la humanidad, aún pequeña. Me refiero a la democracia. Pongamos en ello toda la pasión y la esperanza.  

Además, el lamentable estado de cosas no permite que derrochemos el tiempo en batallas y propósitos fracasados antes de empinar. Por el contrario, fijemos la intención a favor del bienestar individual y compartido.

No es difícil comprender qué bienestar debemos intentar. Me refiero al que proviene de la oportunidad de cada cual para disfrutar de todos los derechos y la responsabilidad de asistir a los otros en ese afán. A la vez, del compromiso para que esto suceda desde y para la libertad, y a través del mejor equilibrio entre el quehacer individual y el social.

Desde estos presupuestos, la democracia se nos presenta como único camino.  

El elenco de criterios acerca de ella pudiera ser amplio y múltiple. Pero solo apunto que una democracia, para ser tal, debe asegurar:

  • la libertad de los individuos, y la igualdad en la libertad entre todos ellos;
  • una convivencia donde el desarrollo de cada uno sea causa y efecto del progreso de todos;
  • las oportunidades, las garantías y los procedimientos necesarios para todo esto;
  • y, además, hacerlo de manera compartida proporcionalmente y hacia todos los ámbitos (sociales, culturales, económicos, laborales, políticos).

Esto conlleva, por ejemplo:

  • acceso equitativo a la esfera pública a través de las libertades de expresión, asociación y prensa, entre otras;
  • un modelo sociopolítico que distribuya el poder y asegure aquello de que “todo el poder para nadie”;
  • garantía para la iniciativa económica y exigencia del compromiso social de esta;
  • centralidad del trabajo, sin lo cual no se produce bienestar ni se accede a este;
  • acceso a la educación, de manera que toda persona pueda capacitarse para la libertad, o sea, para el ejercicio de la razón y la voluntad.  

Igualmente, en el esfuerzo por asegurar que unos intereses no sometan a otros, al menos con facilidad y de manera ilegitima, y que la fuerza del poder no sofoque la libertad de los individuos, se ha llegado a otros consensos, tales como:

  • la separación de las ramas legislativa, ejecutiva y judicial del poder,
  • la exigencia de que las autoridades sean electas y sometidas a ciertos escrutinios por parte de la población,
  • la factible organización de las sociedades a través de un tejido asociativo,
  • una prensa con autonomía del poder,
  • el derecho de los individuos a poseer propiedad económica,
  • un catálogo de derechos bien definido, con carácter constitucional,
  • y un poder judicial capaz de proteger estos derechos.

De la mano del “derecho” se incorpora la noción de Estado de derecho. Con ello se logra un avance, pues no se conforma con un Estado que garantice equilibrios y libertades y respete la soberanía ciudadana. Este ideal propugna un Estado que obedezca al pueblo, y un Estado y un pueblo que obedezcan a una ley, a su vez, sometida al imperio del derecho. Pero este último dato solicita un análisis aparte.

Sin embargo, en todo caso, la cuestión nuclear será forjar ciudadanos demócratas. Una persona no es más demócrata que otra por la convergencia de sus ideas con tales o más cuales inclinaciones, aunque ello sea un elemento importante a valorar. Lo es por la manera libre, responsable y respetuosa (o sea, democrática) con que promueva su cosmovisión ideo política y se relacione con las otras. En política, como en pocas realidades de la vida, la forma es el fondo.

Tal vez la hora demande centrar los esfuerzos en el humanismo, la democracia, la libertad.

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