Hay que abrir la muralla y desterrar todo lo que divide

Por Roberto Veiga González

Participa, con un análisis hondo, el comunicador y profesor Jesús Arencibia Lorenzo. Comprende y le preocupa el futuro del país, el naufragio de muchos sueños, y la vida de tantos individuos que, como él, navegan en esa barca, dislocada en el golfo, que llamamos Cuba y amamos, sobre todo, porque duele.

1) La sociedad cubana se ha transformado vertiginosamente. A su vez, la elite política ha pretendido algunos cambios del modelo social, pero con el propósito inminente de ir adecuando la capacidad de control desde el poder. Con ello han garantizado la suficiente gobernanza, pero no la necesaria identificación del ciudadano dentro del entramado del sistema. Más bien ha sucedido lo contrario. ¿Cuáles son las condiciones esenciales que caracterizan este modelo? ¿Cómo se relacionan el sistema y la sociedad? ¿Cómo es percibido por la generalidad social? ¿Cuánto difiere esta percepción en generaciones y sectores?

Primero aclaro que en estas y las demás preguntas, por su amplio alcance y la visión global que persiguen, lo ideal sería partir de investigaciones y datos sobre un conjunto de temas disímiles de la sociedad cubana que no poseo. Y tampoco dispongo del tiempo para llenar todos esos vacíos antes de contestar. Por tanto, respondo solo apoyándome en mi visión de ciudadano, periodista y profesor, con algunas lecturas, 14 años de vida laboral y muchas ansias de conocimiento. Únicamente desde ahí van mis palabras, que pueden ser, como todas, perfectamente falibles.

¿Cuáles son las condiciones que caracterizan el modelo emergente de esas transformaciones de los últimos años (que no considero, por cierto, tan “vertiginosas”)? En la propia introducción al interrogante se dan pistas valiosas: “algunos cambios”, pero tratando de mantener a toda costa “control desde el poder”. Con lo cual, los viejos problemas anquilosados: régimen político totalitario, falta de libertades individuales, ineficiencia económica, carencias disímiles en la vida cotidiana, abulia social casi generalizada y —resultado de todo lo anterior— escasez o penumbra de proyectos individuales y de país para el bienestar a largo plazo (la gente y la nación sufriendo un terrible “presentismo”); estos grandes agujeros, digo, continúan poblándonos las calles del día a día y truncando el futuro próspero que podríamos y deberíamos darnos.

¿Cómo se relacionan el sistema y la sociedad? Haciendo la abstracción de que “el sistema” es el Estado/Partido/Gobierno cubano y “la sociedad” es el resto de la población del país, yo diría que la relación es la de un matrimonio que luego de más de 60 años de casados, ya agotadas las fuerzas de ella (la sociedad), para transformarlo o abandonarlo a él (el sistema); y ya probado por él, que puede, con golpes y caricias, mantenerla atada y semicontenta a ella; ha decidido tolerarse mutuamente, con estrategias como el “ordeno y mando” y el “se acata pero no se cumple”, y esperar a que —en el mejor de los casos— los nietos o bisnietos de ambos, ya jóvenes y adolescentes, los entierren para fundar algo nuevo; y, en el peor, terminen por abandonarlos totalmente y emigrar de sueños y geografía.

¿Cómo es percibido por la generalidad social? ¿Cuánto difiere esta percepción en generaciones y sectores? Creo que hay muchas percepciones y matices coexistiendo, como en cualquier país y época. En lo generacional, me detendría en tres franjas de un abanico mucho más grande:

I) Los adultos mayores que nacieron en las dos o tres décadas previas al 1ro de Enero de 1959 y aún confían —total o parcialmente— en que el Estado/Partido/Gobierno es la encarnación fiel de la revolución “de los humildes, con los humildes y para los humildes”, que les dijo a todos “lean y no crean”, que fue y será “faro de América Latina” y otras tantas utopías.

II) La de los adultos de entre 30 y 60 años, o sea, los nacidos en las 3 décadas posteriores al triunfo revolucionario, que dieron su vida o sus años más impetuosos a la construcción del “hombre nuevo” y la “sociedad próspera” que prometía el socialismo existente en la Isla; y ahora, ya sin muchas opciones o deseos de redireccionar sus metas, tratan de “ir pasando”, afrontar “la luchita diaria”, y vivir lo mejor posible en medio de decepciones y anhelos truncos. Muchos de ellos atrapados en la sensación de que sus padres los montaron en un Titanic y sus hijos los abandonarán en la profundidad de las aguas. 

III) La de los jóvenes y adolescentes —generaciones nacidas en los 90 y los 2000— que descreen profundamente del viejo discurso político aún empoderado y cuyas metas en la vida los separan sustancialmente de “construir” nada en la Isla. Más bien, con la mente puesta en tomar prudencial distancia y crecer (económica, profesional, espiritualmente) bien lejos. Y aquí el “lejos”, sirve, aunque en definitiva no logren emigrar.

Y en lo referido a los “sectores”, pienso, la diversidad de percepciones puede ser aún mayor. Solo apuntaría que contrario a lo que prometió y aseguró por mucho tiempo el discurso estatal/partidista/gubernamental, de que en Cuba se abolirían o ya estaban abolidas las clases y estratos sociales y sus negativas diferencias, la sociedad cubana actual es una masa profundamente estratificada. Se pueden advertir diferencias de vida, ideología y aspiraciones entre los que tienen carro y los que no; los que tienen casa y los que no; los que viven de robarle al Estado y los que el Estado les roba el pago debido a su trabajo; los que reciben remesas en dólares desde el exterior de Cuba y los que tienen que inventarse su propia remesa vendiendo en la bolsa negra; los dirigentes y militares altos (“pinchos”, al decir popular), los dirigentes medios y los dirigidos; los delincuentes que delinquen para sobrevivir la dureza del diario y los delincuentes “de cuello blanco” que viajan y viven a sus anchas a cuenta del presupuesto estatal. En fin, hay tantas diferencias, fragmentaciones, oposiciones, que dudo bastante se cohesionen fuerzas significativas para algún empeño social transformador al menos en el corto y mediano plazos.

2) Estas dificultades desatan el criterio político de los cubanos. ¿Qué actitudes caracterizan estas expresiones ciudadanas? ¿Cuáles son las formulaciones sociales y políticas más descollantes, dentro de este universo cubano, que pretenden aportar soluciones viables? ¿Cuáles son los cambios más importantes que solicitan y a través de qué metodologías? ¿Cuánta empatía reciproca pudiera existir entre ellas y la generalidad ciudadana?

Hay muchas actitudes ciudadanas, pero en mi opinión predominan el enajenamiento y la desidia, el ir “tirando” para resolver lo perentorio, para sobrenadar la crisis casi perpetua, y aplazar o hasta anular si hace falta los grandes proyectos. Mientras el Partido/Estado/Gobierno (el orden de estos factores no altera ningún producto, pues se trata de una masa casi monolítica) declara públicamente planes de desarrollo hasta 2030, los ciudadanos en su mayoría piensan cada día cómo llegar a las 20:30 horas, conseguir algo para comer y descansar luego en la mayor armonía familiar posible, para reiniciar otro día de batalla.

Paralelamente a esto, con la irrupción inevitable de las tecnologías y el mayor acceso a Internet —sobre todo en los últimos dos lustros— , a contrapelo de un rígido control por las fuerzas militares que responden al aparato del poder, y rompiendo las barreras de censura y autocensura cimentadas por décadas, se han ido desatando en el país iniciativas, activismos, voces que se atreven a disentir y a proponer. Así, dotados de mayor acceso a información no controlada por los mandantes y en capacidad de multiplicar en las redes su mensaje alternativo, han sonado con fuerza en los oídos de los empoderados y obligado a estos a que al menos no abusen del espacio público con la habitual chapucería e impunidad.

Entre las formulaciones más interesantes que veo en ese espectro de rebeldía estarían las siguientes (el orden no implica necesariamente preponderancia):

  • Las que enarbolan el Feminismo y las demandas de la comunidad LGTBI
  • Las de ambientalistas.
  • Las que demandan Protección y Bienestar animal.
  • Las de gremios específicos que reivindican su derecho a la autonomía (Ejemplo: cineastas).
  • Las de organizaciones políticas de oposición.
  • Las de artistas contestatarios que igualmente se pronuncian por su total libertad individual y de grupo.
  • Las de intelectuales (escritores, profesores, científicos) que, sin atacar frontalmente, ni cuestionar la legitimidad del Poder establecido, abogan por un proceso de reformas intenso, que redireccione el proyecto-país hacia sus esperanzadoras e irrealizadas metas de origen.
  • Las de instituciones y grupos religiosos de diversas denominaciones.
  • Las de medios de prensa alternativos al aparato PCC/Estado/Gob.

(Vale aclarar que articuladas o relacionadas de alguna forma con estas voces rebeldes están otras, diversas, de la cada vez más creciente comunidad cubana en el exterior, con demandas y proyecciones que abarcan desde la más repudiable ansia de venganza y revanchismo político hasta la genuina y respetuosa conexión con las esencias del activismo por una Cuba mejor).

Sobre los cambios más importantes que solicitan, también se trata de un diapasón enorme, pero a mi juicio, sus directrices fundamentales pasan por:

Libertad (individual, de expresión, de prensa, de asociación…)

Democracia (Participación política real de los ciudadanos en las decisiones que atañen a la nación, contrapeso de los poderes públicos, limitación temporal y alternancia en los cargos fundamentales —algo ya plasmado en la Constitución de 2019, pero que aún no se ha hecho “real”—; transparencia en la gestión de la economía a todas las escalas, elecciones directas, pluripartidismo)

Transformaciones Económicas (En busca de la tan ansiada y tantas veces pospuesta prosperidad individual y de país, trabada en lo interno por absurdos que los economistas llevan décadas denunciando y sugiriendo cómo modificar).

3) Hay momentos en los cuales una sociedad demanda el concurso de toda la ciudadanía, o de la mayoría. A la vez, para ello siempre resulta imprescindible un referente compartido en ese instante, no en la historia, aunque pueda tener vínculos con ella, capaz de entusiasmar e implicar. ¿Cuáles aspiraciones actuales, proyecciones vigentes, documentos fundamentales, pudieran configurar esto?   En ello, ¿podría ocupar algún sitio la Constitución de 2019?

 No veo, al menos en este instante, ese referente mayúsculo compartido que pueda impulsar al país a la consecución de metas trascendentales de progreso. No lo veo entre las fuerzas dirigentes, hacia las cuales, me parece ha crecido por toneladas la indiferencia, ni entre las voces alternativas, que aún son pequeños islotes en un inmenso y rígido mar.

Muchas y diversas proyecciones, documentos, aspiraciones podrían ser útiles en el camino hacia una Cuba Mejor. Desde el mismísimo Programa del Moncada (La Historia me absolverá), de Fidel Castro, que prácticamente es una “lectura subversiva” por la triste vigencia de sus aspiraciones, pasando por los Lineamientos y Planes aprobados por el aparato político gubernamental en sus últimos congresos y eventos, hasta las propuestas y plataformas conceptuales de cineastas, economistas, activistas LGTBI, animalistas. Entre las propuestas más singulares y abarcadoras para ese cambio-país, destaco las que el Laboratorio de Ideas Cuba Posible logró articular durante su existencia, aunando miradas intelectuales muy sólidas.

La Constitución de 2019, sin duda superior a la 1976 (lo cual implica decir que es la mejor formulación de Ley de Leyes después de 1959), pero aún inferior a la Carta Magna que deberíamos darnos para esa Cuba soñada: libre, democrática y sin trabas internas para su despegue económico, puede ser un formidable punto de partida para explotar al máximo sus potencialidades y cambiar con urgencia lo que deba ser cambiado en ella, comenzando por el artículo que pone al Partido Comunista de Cuba como “fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”, lo cual le otorga poderes y atribuciones claramente dictatoriales.

4) Al parecer, actualmente cualquier estrategia y gestión de cambios estaría confinada a los modos que ya exigen -el deterioro económico, -un amplísimo espectro social con imaginarios excluidos por algo más que “un dogma de Estado”, y -el peso creciente de una imprescindible relación con Estados Unidos. ¿Cómo podrían marcar estas tres realidades la próxima evolución de los acontecimientos en Cuba?

Por supuesto que los tres elementos relacionados estarían condicionando con fuerza la evolución de “la cosa” cubana.

Precisamente “el deterioro económico” ha hecho que entre las principales metas (individuales, grupales, institucionales) esté la tan ansiada y mil veces pospuesta eliminación de barreras internas para que se desarrolle la economía con todo su potencial y deje de pesar sobre las espaldas de cada ciudadano el fantasma de la carencia. De ahí que, a mi juicio, las propuestas de transformación política que no incorporen como prioridad y trabajo real efectivo el reordenamiento económico, no prosperarán en el apoyo popular. Llevamos 30 años de crisis y ya las promesas de luces al final del túnel no estimulan demasiado.

El espectro social de exclusión ha determinado muchas de las voces y trayectorias de los individuos y grupos que disienten del Poder. Habrá que dotar de participación real (como lo entendía un importante teórico: formar parte, tener parte y tomar parte) en la Casa Cuba a ese espectro si se quiere reivindicar la llevada y traída, pero nunca cumplida, fórmula martiana del “con todos y para el bien de todos”, que es, a fin de cuentas, la búsqueda de la “dignidad plena del hombre”. (Por cierto uno de los yerros mayúsculos de la Constitución de 2019 es considerar a esta poética aspiración martiana, como un anhelo “al fin logrado”).

Y sobre la “imprescindible relación con Estados Unidos” y su peso en el destino cubano, pienso que si bien la Geografía y la Historia determinan que así sea, para desgracia de la Isla en ambas orillas hay importantes fuerzas que se han encargado de magnificar ese peso y de mantener a toda costa las hostilidades, pues de ello están viviendo. Al interno de Cuba, creo que cualquier proyecto de país que finalmente emerja, debe, por una parte aspirar a un diálogo e intercambio civilizados con Estados Unidos, sobre bases de soberanía e independencia y, por otro, trabajar a lo interno como si la variable “Hostigamiento del Gobierno Estadounidense” fuese a resultar eterna. Porque lo que no tiene ni tendrá justificación en voz de ningún mandante insular es culpar de todos los males internos al Bloqueo/embargo yanqui ni desconocer la significación real de esta injusta postura agresiva.

5) Según varias opiniones, la estabilidad y el desarrollo de la Isla, y la concreción de un Estado de derecho y justicia social, como refrenda la Constitución de 2019, exige una relación positiva entre Cuba y Estados Unidos. ¿Por qué algunos son tan categóricos en esto? ¿Cuánta madurez nos puede aportar la experiencia de la historia sobre el manejo de este reto necesario? ¿Cuáles deberían ser los pilares de una estrategia política que lo procure?

Pienso que algunos sean tan categóricos en esto —y hasta fijen sus angustias y esperanzas en el rostro de turno en La Casa Blanca— porque la Historia del continente demuestra la centralidad del “vecino” más poderoso (y en nuestro caso tan cercano) en los destinos de los demás “integrantes del vecindario”. Precisamente la propia Historia remota y reciente es la brújula hacia la cual mirar para orientarnos al respecto, con mesura, madurez política y valentía. Sin tozudeces innecesarias, ni servilismos vergonzosos. ¿Cuáles deberían ser los pilares de una estrategia política que procure el necesario vínculo armónico y fecundo? Considero que los establecidos por los gobernantes Barack Obama y Raúl Castro, que llevaron a la reapertura de embajadas en ambas naciones y a un clima de intercambio inédito en décadas, podrían funcionar como punto de arrancada. Cuando se recuperen estas bases (lamentablemente destruidas en buena parte por la administración Trump), habría que seguir trabajando para que a todo lo que pueda generar aprovechamiento y respeto mutuo, se le “abra la muralla”, como diría el Poeta; y a lo que divida, enrarezca o envenene el ambiente, se destierre definitivamente.

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