Un diálogo sobre Cuba Posible

En coloquio con amigos y colegas, Roberto Veiga responde a Raudiel Peña

Raudiel Peña: ¿Qué representó en tu vida Cuba Posible?

Roberto Veiga: En el año 2000 un grupo de colegas acogíamos la metáfora de Casa Cuba, autoría de monseñor Carlos Manuel de Céspedes, descendiente del Padre de la Patria e importante sacerdote e intelectual de nuestra contemporaneidad.

Esta nace de una magnifica conferencia de monseñor Carlos Manuel de Céspedes en una sesión de la Segunda Semana Social Católica, celebrada en La Habana en 1994. Dicha conferencia posteriormente sería publicada en formato de libro con el título Promoción humana, realidad cubana y perspectivas, en 1996. Además, resultó enriquecida por este sacerdote en innumerables ensayos, conferencias y discursos.

La historia de esta metáfora disfruta de un momento especial, durante la visita del papa Juan Pablo II a Cuba, en 1998. Como es costumbre, los mensajes, discursos y homilías de cualquier Papa cuando visita algún país, suelen ser el resultado de una negociación entre el Episcopado del lugar y la Santa Sede. En tal sentido, los obispos del país a visitar y los peritos designados por estos, ofrecen consideraciones al Sumo Pontífice y al equipo que lo ayuda en la preparación pastoral del viaje. En este caso, monseñor Carlos Manuel de Céspedes asesoró acerca del discurso del Papa polaco a los intelectuales cubanos en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 23 de enero de 1998. Por ello, aunque sin mencionar la metáfora, ese día Juan Pablo II esculpió los fundamentos cardinales del ideal de Casa Cuba

En su discurso el Pontífice propuso buscar una “síntesis” en la cual todos los cubanos puedan identificarse y construirla alrededor de la “gradualidad”, entendida como metodología cívica. Para ello abogó por una educación para la libertad y la responsabilidad, capaz de favorecer una convivencia social que, a través del diálogo fecundo, dinamice un Estado de Derecho, sustentado en y orientado hacia la justicia, la libertad, el humanismo y la solidaridad. En este sentido, recordó la rica herencia aportada por Félix Varela y José Martí, antorchas fundadoras de la nación.

Cuando nos ocupamos de la revista Espacio Laical, en el año 2005, nos dimos a la tarea de ponerla al servicio de estas metas. Según el mandato del Arzobispo de La Habana, esta publicación (llamada a sustituir otra publicación anterior denominada Espacios) debía convertirse en una revista al estilo de Treinta Días, de Giulio Andreotti (quien fuera primer ministro italiano). Esta revista posee una fuerte identidad católica y siempre se propone una visión católica de la cultura, la economía, la política, la sociedad. Sin embargo, los gestores de Espacio Laical consideramos que no debía ser así. Estábamos seguros de que en Cuba hacía falta algo que más tarde, durante su visita a la Isla en 2016, el papa Francisco llamó: “amistad social”. Por eso comenzamos a convertir la revista en un espacio para que se expresara y encontrara la pluralidad.

Para lograrlo nos empeñamos en tres propósitos. Primero, que se expresara la pluralidad de cubanos que vivían y viven en la Isla y en el extranjero. Segundo, que todos fueran presentando sus puntos de vista sobre los tópicos medulares de la nación. Y tercero, que toda esa pluralidad se relacionara positivamente. Para esto último se impuso un decálogo de máximas. La primera señalaba que cuando se criticara a alguien se hiciera de manera que el cuestionado pudiera responder de forma positiva, para crear puentes y no trincheras.

Entre los años 2005 y 2014, en Espacio Laical fueron tratados y debatidos todos los temas relevantes del proceso cubano, siempre desde una lógica de encuentro y diálogo respetuoso. Además, este trabajo articuló una red que resultó en provecho de los objetivos del proyecto. Quizá su mayor contribución fue convencer a muchísimos de que, ante nuestras necesidades y peligros, sólo la conciliación será el camino.

La tesis de licenciatura en periodismo del destacado intelectual David Corcho Hernández, quien se graduó en 2013, versó acerca del intríngulis de la revista Espacio Laical. El autor publicó un breve resumen de la misma en el No. 84 de la revista Temas, correspondiente al trimestre Octubre-diciembre de 2015. Su trabajo fue titulado: Visiones sobre el bien común: el discurso público de Espacio Laical. En un fragmento del artículo sostiene:

“Casi todas las fuentes entrevistadas coinciden en que el proceso de cambios económicos y sociales que acontecen en Cuba desde mediados de los 2000 influyó decisivamente en el nacimiento de EL. En este contexto, los llamados al diálogo hechos por el presidente Raúl Castro fueron muy bien atendidos por el Arzobispado de La Habana. Y la Iglesia, siempre pendiente del ánimo del gobierno, pudo haberlo interpretado como el momento para dar un paso más atrevido en su política secular de influencia social. Aunque antes debían lograr un pacto tácito de buena convivencia con las autoridades.

Estas causas —un nuevo clima político, un grupo de clérigos y laicos preocupados por influir en los asuntos públicos, y un pacto de buena vecindad con el gobierno cubano— hicieron ver a grupos de la sociedad civil que EL era un lugar posible de expresión, que contaría con la tolerancia del Estado y también del Episcopado. Personas de distintas ideologías acudieron a las páginas de la revista y con sus debates y presencia recurrente demostraron que a veces es posible el entendimiento racional sin negar las diferencias; e incluso, que hacer explícitos los disensos, a menudo, resulta mejor que opacarlos o postergarlos.

La política editorial de la revista no solo ha sido una prueba de que criterios sustancialmente distintos pueden construir un discurso público donde se hagan visibles los acuerdos tanto como los desacuerdos, sino que también supone una brillante estrategia de los gestores de EL, quienes, al utilizar el principio del pluralismo y la libre expresión, han logrado introducir en el debate político los puntos de vista de una parte de la Iglesia cuyas ideas permanecían en penumbras.

Esas propuestas, en la voz de los intelectuales católicos, son escuchadas y no simplemente toleradas, porque viajan de la mano de sus contrapartes en un producto comunicativo plural. Y no son juicios faltos de razón: en ellos se hace ver la inteligencia y la sensatez, el ofrecimiento claro y fundado de un proyecto de sociedad. Es evidente que todo esto ha sido muy bien planeado, fruto de la meditación.

Una intencionalidad política semejante no concuerda con las posibilidades más bien modestas de una simple revista. Esto puede ser explicado, tal vez, porque además de haber sido un medio de comunicación, EL ha cumplido otras dos funciones: primero, fue algo parecido a una institución política, en tanto a falta de mejores ámbitos, asumió el papel de representar a sectores de la sociedad cubana dispuestos a examinar aspectos controvertidos de la actual reforma, que han quedado pospuestos por un debate público amparado por la oficialidad; en segundo lugar, porque la revista guarda semejanza con los llamados think tanks (tanques pensantes). Sería demasiado apresurado declarar que EL pretendió ser una organización de este tipo, sin embargo, es posible encontrar en sus páginas proposiciones muy detalladas sobre los pasos más convenientes, la filosofía y el rumbo deseable de la reforma. Por otra parte, no ha sido necesario profundizar demasiado en el discurso y las entrevistas para advertir un deseo latente en muchos autores por influir, de cierto modo, en la política. No debe extrañar que ocurra de esta manera: desde Platón, por lo menos, algunos pensadores han sentido la necesidad de introducir, en los dominios del Príncipe, las ideas guardadas en sus cabezas, pues es habitual que los intelectuales se sientan inconformes con el estado de las repúblicas. Y a falta de mejores instituciones en Cuba, la revista vino a suplir —hasta cierto punto— las funciones de una institución política en sentido recto.” (pp. 104-105).

Sin embargo, todo este quehacer encontró desaprobación por parte de los sectores más radicales de todos los signos políticos-ideológicos de la nación. También dentro de la institución que patrocinaba el proyecto surgieron tensiones que fueron intensificándose y llegaron a dificultar, en exceso, la posibilidad de gestionar estos propósitos. Por ello, el 10 de junio de 2014 culminamos nuestras labores en Espacio Laical.

No obstante, la generalidad de los miembros de la red (cubanos de la Isla y de la emigración y extranjeros comprometidos con el devenir cubano) insistió en que no podíamos dejar de trabajar en favor de tales fines. Como resultado se generó un intercambio grande de mensajes y reuniones entre amigos, que hicieron posible definir la manera de continuar aquella faena, incluso con un salto cualitativo.

De esta forma, el 8 de septiembre de ese mismo año, cuando se festejaba el día de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, inició los trabajos el “Laboratorio de Ideas Cuba Posible”. Este se propuso contribuir a un proceso intenso y gradual de integración de toda la pluralidad a la institucionalidad de nuestra República.

Raudiel Peña: ¿La proyección en Espacio Laical tuve antecedentes?

Roberto Veiga: Como suele ocurrir, esa proyección tiene antecedentes, los cuales también poseen otros. Con esta misma identidad sociopolítica proyecté mi desempeño en la revista sociocultural católica Presencia, en Matanzas, desde el año 1996 hasta el año 2000; y en el Cátedra “Juan Pablo II”, entidad que organizamos, en esa ciudad, para el estudio de la Doctrina Social Cristiana, de la Filosofía Personalista y de la Historia, así como para el diálogo sobre la realidad cubana y mundial. Pude participar en estos quehaceres, en esa época, de manera activa y protagónica, gracias a la acogida, a la confianza y al apoyo que me ofrecieron importantes laicos católicos del lugar, que me conocían desde pequeño; lo cual recuerdo como un regalo y con suma gratitud. Después, con idéntica impronta, integré durante varios años el Consejo de Redacción de la revista Palabra Nueva, órgano oficial de la Iglesia habanera, y coordiné la Comisión de Justicia y Paz en la Arquidiócesis de La Habana.

De este modo, en el segundo semestre del año 2005, quedé encargado del desarrollo de la revista católica habanera Espacio Laical, que no debía proyectarse como una publicación oficial de la institución. Aquí alcancé la mejor síntesis posible entre mi identidad cubana, cristiana y sociopolítica, y el trabajo a favor de Cuba; lo cual me condujo por senderos insospechados, posteriormente me empujó a la constitución del Laboratorio de Ideas Cuba Posible y, al menos hasta ahora, me coloca ante mi peculiar situación presente.

Raudiel Peña: ¿Cuál fue la naturaleza del trabajo del Laboratorio de Ideas?

Roberto Veiga: La naturaleza institucional de Cuba Posible posee un carácter sui generis. El Laboratorio de Ideas no constituye una plataforma política ni una organización civil ni una entidad académica. Pero incorpora elementos políticos, civiles e intelectuales y los pone en relación; además sin usurpar el rol de las entidades políticas, civiles y académicas establecidas. Puedo escoger opiniones de tres de intelectuales que, desde puntos de vistas diferentes, aportan diagnósticos sobre este sendero.

Ovidio de D`Angelo, investigador del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), con­cibe a Cuba Posible como “un espacio aglutinador” que contiene en sí, potencialmente, “una plataforma de diálogo nacional”. Afirma O. D`Angelo: “Se trata de un proyecto inclusivo, en el que caben diferentes corrientes de pensamiento y de acción política no definidos por el obcecado desmantelamiento de todo lo realizado en el período revolucionario (a pesar de sus extremos, limitaciones y desaciertos en varios campos). Cuba Posible promueve la crítica –dura en ocasiones, pero constructiva e in­clusiva de todos los sectores del país- hacia propuestas de una sociedad mejor.” Por ello, el autor quisiera ver en Cuba Posible la posibilidad de convocatoria de una Plataforma de Encuentro Social” amplia y contando con otros diferentes proyectos-movimientos de carácter constructivo y propositivo. (Cuaderno No. 73, pp- 28).

El economista Pedro Monreal considera que las funciones de Cuba Posible tienen una connotación política directa, pero no con­siste en que funcione específicamente como una entidad que se ocupe de “hacer política”, ni siquiera en su modalidad básica de fraguar “representación política” y, mucho menos, en su variante de “concertar” actores políticos. “La conexión de Cuba Posible con la política se produce a un nivel distinto: operar como un espacio donde se genera opinión ciudadana”. En ese sentido, señala, pudiera argumentarse que, más que proveer un “bien político”, su función esencial consiste en proporcionar un “bien público” en la Cuba actual.

Otro elemento que indica Monreal es el referido a la política de “no alineación” partidista de Cuba Posible; hecho que ha resguardado su independencia a lo largo de estos años. Afirma que, si bien es cierto que, en general, las plataformas/espacios de debate político tienden a reflejar posiciones ideológicas y pro­gramáticas de grupos políticos, es un hecho que muchas plataformas de debate político no son “orgánicas” a grupos políticos específicos. Para Monreal, “los marcos de Cuba Posible funcionan como una especie de confederación intelectual muy elástica, que incluye diferentes posiciones teóricas y perspectivas ideoló­gicas diversas; diferencias que a veces son significativas”.

Y concluye Monreal: “Creo que lo que hace atractiva una plataforma como Cuba Posible es que –a diferencia de otros “laboratorios de ideas”- se propone con igual intensidad tratar de influir más o menos directamente sobre “quiénes deciden” y, al mismo tiempo, se ocupa de darle “densidad” al debate público en temas claves. Es decir, coloca temas y propuestas que permiten ampliar tanto la evidencia como las visiones normativas que en principio pudiesen informar las acciones no solo del gobierno, sino también de otros actores sociales y políticos. En el plano político, particularmente en cuanto al tipo de ordenamiento político en el que Cuba Posible debería interactuar con otros actores durante el proceso de transformación social del país, la posición del proyecto ha sido clara: debería funcionarse en el marco de un Estado de Derecho. Cuba Posible no se ha planteado el avance del Estado de Derecho actuando como un actor político directo (“representando” y “concertando” actores políticos), sino desarrollando la capacidad de la sociedad civil para poder avanzar hacia un modelo de Estado de Derecho que incluya el ejercicio de todos los derechos humanos”. (Cuaderno No. 73, pp- 28-29).

Una tercera perspectiva de está relacio­nada con los “tipos de actores que participaron” de los foros de Cuba Posible. Para el ensayista e historiador Rafael Rojas, quizás el más importante investigador en temas de historia intelectual cubana, la relevancia de Cuba Posible pasa por una capacidad demostrada de colocar a dialogar, en un mismo foro, a sujetos na­cionales diversos en un contexto de complejización y pluralización de la esfera pública cubana. Afirma Rojas: “El proyecto Cuba Posible se inscribe en el proceso de complejización que vive la sociedad civil cubana desde los años 90, y que se acelera entre 2011 y 2012 con las reformas económicas emprendi­das por el gobierno de Raúl Castro. El sentido de esa complejización podría caracterizarse, desde el corpus de la teoría de las transiciones democráticas de fin de siglo, como una lenta y gradual desagregación y au­tonomización de sectores sociales, antes adscritos a la esfera del Estado”.

Afirma Rojas: “Cuba Posible proviene de vínculos fuertes con el Arzobispado de La Habana y del laicado cívico cubano, desde el periodo de la revista Espacio Laical, justo cuando la Iglesia católica refuerza su presencia en la Isla, entre las visitas de Juan Pablo II (en 1998) y Benedicto XVI (en 2012). Ejemplifica muy bien la negociación entre “cambio institucional y continuidad legal”, propuesta como me­canismo típico de las transiciones democráticas por el estudioso de la sociedad civil Andrew Arato, profesor de la New School en Nueva York”. (Cuaderno No. 73, pp- 29).

Raudiel Peña: ¿Qué crees que faltó por hacer o decir desde Cuba Posible?

En su momento hizo y dijo todo lo que le correspondía. Por ello desató una especie de “pelea salvaje” en torno a nosotros que condujo a suspender los trabajos.

Cuba Posible dejó una especie de comunidad. Por supuesto que no a través de dinámicas estables. Pero sí un ligamen, un hálito compartido. Hubo colaboradores, con aportes importantes, que se acercaban o alejaban en dependencia de percepciones propias. Sin embargo, existió un grupo, amplio y diverso, con diferentes modos de participación y compromiso, que fueron los hacederos de tal aventura. También estos, en algunos casos, se movieron hacia una mayor o menor aproximación. Pero jamás por conflictos internos, sino por retos personales, o profesionales, o además políticos, pues la criminalización del trabajo colocó a algunos en una difícil situación de legitimidad personal. Pero en ningún caso se quebrantó la aspiración compartida, ni la confianza.

El compromiso con Cuba tiene que ser a favor de todos los cubanos, pero ello sería irreal si no comienza por el compromiso con los cubanos más cercanos. De lo contrario Cuba sería una entelequia o una apelación oportunista.

Por otra parte, se trabajó una agenda amplia de temáticas relacionadas con todas las esferas de la vida nacional, y también se realizó un conjunto de propuestas programáticas directamente relacionadas con áreas claves de los procesos transicionales cubanos. Todo ello signado por la búsqueda de la tradición martiana y del paradigma de una República inclusiva.

Por ejemplo, acerca de la economía procuró mecanismos estructurales y políticas capaces de conducir al país hacia el desarrollo. Dicho trabajo podrá revisarse en los cuadernos número 3 (tomos 1 y 2), 11, 12, 28 (tomos 1 y 2), 33, 35, 37, 45, 50, 52, 56, 61, 62, 68 y 69. En cuanto a los temas políticos e institucionales, fue prolijo el quehacer. Sólo en torno a la reforma constitucional pueden consultarse los cuadernos número 7, 8, 13, 14, 19, 21, 26, 29, 32, 38, 43, 48, 56, 62, 72 y 73. Igualmente, elaboró un modelo de Carta Magna, con el aporte de actores plurales. Además, este modelo expresa un paraje que pudo ser aceptado por cubanos con ideológicas diferentes, lo cual, en política, puede ser lo más importante. De este modo dejó un documento útil como referente, contraposición en disimiles aspectos, fuente de búsqueda, muestra de síntesis, elemento de deliberación, y propuesta.

Una segunda etapa exigiría recuperar el trabajo de laboratorio, sobre los temas medulares, ahora con una participación más plural. Sostener el empeño de establecer comunicación entre el activismo ciudadano, el quehacer intelectual y la política de Estado. Continuar procurando influir sobre “quiénes deciden” y, al mismo tiempo, ofrecer “densidad” al debate público. Pero, además, sería imprescindible agregar los dos cometidos siguientes. Aumentar exponencialmente el quehacer facilitador de procesos sociales que otrora realizamos muy modestamente, y lograr modos de acompañar el activismo ciudadano que procura la garantía de los derechos humanos, el desarrollo de la sociedad civil y las soluciones de los problemas que padecemos. Todo ello sin interferir o intentar sustituir la naturaleza de cada actor, institución, acontecer.   

Sin embargo, tal vez nada de esto pueda ocurrir. No obstante, Cuba Posible podría conservar cierta vigencia. Esto sería dable porque fue una construcción de muchos. En todos los casos de personas muy autorizadas en los temas que trataron; quienes, además, de manera profunda se fundamentaron “en” y orientaron “hacia” todo aquello que late en las entrañas de la Isla y, en esta hondura, vitalizaron esas pocas esencias que nos acompañan. Por ello, quizá siempre que se construya “bienestar”, con la perspectiva de que sea lo más “compartido” posible y con “libertad” segura, no importa desde qué preferencia ideopolítica se haga, ahí se estará edificando esa Cuba Posible.   

Después, en otro plano, están los errores individuales de quienes llevamos el proyecto. Refiriéndome a yerros propios, en un artículo titulado No me sorprenden las sorpresas, publicado en marzo de 2018, reconocí algunas de estas faltas y culminé así: “después de dos textos abogando por una candidez auténtica, que no se parezca a la sorna o al oportunismo, y alertando sobre los riesgos de ser soberbios con los débiles y débiles con los poderosos, debo reconocer que también yo, en múltiples momentos y por disímiles razones, he criticado a débiles por actitudes que no le he criticado siempre a los poderosos de cualquier índole o lugar, incluso -o, sobre todo- de Cuba. Y por ello, en este instante, sí quiero pedir disculpas.”   

Raudiel Peña: ¿Cuáles serían esos nuevos derroteros?

Roberto Veiga: Deberíamos afrontar, sin cortapisas, los principales desafíos nacionales. La discriminación política, racial, de género, de orientación sexual, religiosa; la incorporación de la emigración a los afanes internos; el envejecimiento poblacional y la necesidad de un sistema de pensiones solvente; la atención a la violencia doméstica, y al desarrollo integral de la infancia y de la adolescencia; el cuidado especializado a las personas con discapacidad; la protección a personas sin recursos ni amparo; el cuidado al medio ambiente; el mejoramiento de los sistemas de educación y salud, y de otras prestaciones sociales; organizar el mercado laboral a partir de las capacidades educativas y de los presupuestos del trabajo decente, y pagar un salario que satisfaga las necesidades básicas, e incentive la productividad y la calidad del trabajo, junto a la defensa de la libertad sindical; y reconstruir la infraestructura socioeconómica del país.

Pero lograrlo reclama una ampliación del catálogo de derechos humanos y de las garantías para el ejercicio y cumplimiento de los mismos. La desconcentración y descentralización del Estado, y la autonomía de los gobiernos locales. Una economía de mercado, con funciones estratégicas y reguladoras del Estado, con una concepción múltiple de la propiedad económica, que garantice el mejor desarrollo de las nuevas medidas económicas. La inversión, nacional y extranjera, pública y privada, en todos los sectores económicos, admitiendo la contratación y remuneración directas a los empleados. Orientada a la creación de riqueza, empleo, experiencia, tecnología, capital y acceso a mercados; además, en busca de quedar colocada en las cadenas globales de creación de valor. La incorporación del país a las instituciones financieras internacionales; una gestión del crédito a favor del desarrollo social; la unificación monetaria y cambiaria; la solidez de las finanzas y de las capacidades crediticias, especialmente el microcrédito; y un sistema tributario progresivo, capaz de garantizar el mejor empleo de lo recaudado.

A la vez, una mínima comprensión de esto último delinea el imperativo de algunas reformas inmediatas, por ejemplo, una ley que garantice la libertad de asociación. También para desempeños políticos. Una ley capaz de asegurar la libertad de prensa. Una reforma constitucional y legal que ampare la elección libre y competitiva de los delegados municipales y diputados, los prefectos y gobernadores, y del presidente de la República. Un marco regulatorio que garantice las mismas condiciones para todos los actores económicos.

Pero también nos advierte que esto será imposible sin una disposición a la empatía, al diálogo y a la concertación que prefigure caminos de civilidad, sostenga a toda la pluralidad de opiniones y proyecciones, y concilie a los cubanos en la promoción de la actividad diversa de los ciudadanos.

Además, lo anterior será imposible sin solidez en las relaciones internacionales, solo asegurada por medio de una normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Raudiel Peña: Entre las prioridades de Cuba Posible estuvo el restablecimiento de vínculos con Estados Unidos. ¿Consideras que proclamar esto como prioridad podría colocarlos en una situación sospechosa ante nuestros compromisos con la soberanía nacional?

Roberto Veiga: También contribuimos a las relaciones con Europa y, para ello, cooperamos con el equipo de la Unión Europea en Cuba, sobre todo entre 2010 y 2016.

Todos los cambios propuestos por Cuba Posible, incluso las relaciones con Estados Unidos, responden a que de no hacerlos nos jugamos la República, la soberanía, el bienestar de todos. La soberanía nacional auténtica es la expresión internacional del ejercicio de la cuota de soberanía de cada ciudadano. Una dinámica distinta, usurpa el empleo de esta categoría.

Por ello, en el documento “Cuba soñada-Cuba posible-Cuba futura: propuestas para nuestro porvenir inmediato”, de 2013, la consideramos de la forma siguiente: “La soberanía de la Patria no es más que el ejercicio irrestricto de todos los derechos de la dignidad humana, en todo el territorio de nuestro país, por todos los cubanos.” Quiero señalar que el esbozo de esta frase provino del criterio de todos los miembros de aquel equipo y, a la vez, fue formulada de este magnífico modo por uno de sus integrantes, Dmitri Prieto. Espero que me disculpe por indicar esto sin pedirle autorización.   

No obstante, siempre hay riesgos que pueden dañar un proceso de esta índole. Dentro de una “razón de cambio” (como puede ser la República, la soberanía, el bienestar) se encuentran “elementos fundamentales de tal cambio” (por ejemplo, un modelo económico eficaz, las relaciones con Estados Unidos). Estos, además, portadores de fuerzas que, de alcanzar un rol inadecuado dentro del proceso, pueden trastocar las dinámicas y convertirse en la “razón de cambio”, colocando casi todo en función de estos particulares.

Pero este riesgo no se corrige desconociendo o minimizando estas necesidades, sino ubicándolas adecuadamente en el contexto. Si bien esto sería imposible sin una trama, un proceso, de consolidación de los derechos de la ciudadanía y de una institucionalidad a su servicio. Solo cuando se carece de esto, que debe ser la esencia de cualquier “razón de cambio”, esos u otros “elementos fundamentales del cambio” pueden tornarse en principio, centro y fin del proceso. En torno a esta carencia es que deberíamos colocar las sospechas.

Raudiel Peña: Si tuvieras la oportunidad ¿Volverías a implementar un proyecto como Cuba Posible, desde Cuba?

Roberto Veiga: De haber sectores de cubanos que consideren nuestro trabajo como un acompañamiento y un servicio, si pudiéramos organizarlo mínimamente, de ser factible abrirnos a todos los nacionales mucho más que en la etapa anterior, si pareciera minúsculamente útil -por supuesto que sí.

Raudiel Peña: Creo que el regreso de Cuba Posible es hoy más necesario que nunca, sin dejar de restar importancia al extraordinario papel que como espacio de debate cumplió. El proceso de transformaciones que está atravesando Cuba, su sociedad civil y las complejidades de las relaciones de esta con el Estado, un ecosistema de medios de prensa cada vez más diverso, la construcción política y jurídica del enunciado Estado socialista de Derechos, entre otros muchos temas, necesitan de un ámbito de debate y análisis como Cuba Posible. Así que yo no pondría en tela de juicio su utilidad o necesidad, creo que la cuestión sobre su relanzamiento o no depende sobre todo de voluntad política para que surja, exista y se desarrolle un proyecto semejante, al cual desde ya puedo ofrecerle mi modesta colaboración. Gracias por este intercambio Roberto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s