El espíritu de la persona gobierna su conciencia

Por Roberto Veiga González

En la conciencia se realiza el centro de la persona. En ella cada cual puede encontrarse a sí mismo como en ninguna otra situación. Este resulta el sitio donde el ser humano puede resultar más libre. A la vez, en la conciencia puede estar el más seguro pilar de la libertad.

Cualquiera puede ser obligado a practicar tales o cuales actos en contra su voluntad. Pero nadie puede ser forzado a querer lo que no quiere. Asimismo, la conciencia se determina a pretender algo, solo por alguna razón de beneficio.

En tanto, la persona siempre tiende a procurar aquello que, con mayor probabilidad, le favorezca. Para eso, percibe, razona, acerca de lo que le pueda contribuir o dañar, y cómo lograr lo primero y evitar lo segundo. Además, una vez que lo decide, dicha potencia o facultad la mueve en tanto ser humano.

En esta operación, todo individuo se inclina al amor propio. Este siempre intenta, por un lado, la conservación de la vida orgánica y, por otro lado, conseguir el disfrute y huir del perjuicio.

También toda persona posee un deseo innato de superioridad. Sin embargo, este puede diferenciarse ya sea por la especie de dominio a que aspire, y por el modo en que modere tal inclinación.

Por ello, el espíritu de la persona requiere de suma atención. A la vez, este sería el centro de la conciencia, del amor propio, de la capacidad de servir a otras personas. Quién “rija” en el corazón del individuo “definirá” sus intereses, “guiará” sus ideas y “prefigurará” su acción.

El desempeño de la libertad depende del espíritu con que la persona ejerce la razón, los sentidos y la voluntad. Esto, a su vez, será sostenido por las actitudes y aptitudes del individuo que, así mismo, se nutren de la educación, la cultura y la espiritualidad.

Sin embargo, ello siempre estará ajustado a esas condiciones en las que cada cual se desenvuelve. Cuando se carece de circunstancias socioeconómicas adecuadas, el individuo, que debe hacer prevalecer la sobrevivencia, suele incorporar conductas inestables. Incluso, si esto fuera continuado y compartido, pudiera entronizarse a modo de menoscabo social de los valores.

José Martí aseveraba al respecto, ser culto para ser libre, y ser prospero para ser bueno.  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s