Un sindicalismo para el bienestar

Por Roberto Veiga González

Muchos consideramos que cualquier modelo sociopolítico debería comprender la ineludible sinergia entre el orden laboral y todo el modelo social, económico y político. Por eso estimamos que el sindicalismo, bien comprendido y practicado, podría constituir un elemento fundamental de justicia y de estabilización de cualquier modelo sociopolítico.

Existe un amplio consenso acerca de que la actual orientación de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) no corresponde con las exigencias del contexto presente y, mucho menos, con los desafíos del futuro próximo. En la crítica, algunos señalan que los actuales sindicatos se estructuran a partir de criterios organizativos del gobierno y no de los trabajadores; que la Central sindical (CTC) sobrepasa su carácter de “ente coordinador y representativo” y prefigura, de manera casi absoluta, el quehacer de los sindicatos; y que varias décadas de crisis socioeconómica han dañado de manera severa la legitimidad de esta Central y de los sindicatos.  

Al abogar por la libre sindicalización, algunos sostienen que, de este modo, los trabajadores tendrían la posibilidad de ingresar en la asociación que más responda a sus preferencias. Otros, sin estar en desacuerdo con esto, sustentan que la unidad refuerza el poder de la respectiva asociación y le permite defender mejor los intereses de los trabajadores. Estos últimos apelan a la búsqueda de una libertad sindical que resguarde la supremacía de los trabajadores y la autonomía de los sindicatos y, a la vez, garantice que no se “dispersen las fuerzas”. En este empeño invocan la tradición “unitaria” de los sindicatos cubanos, que data de la primera mitad del siglo XX. Sobre ello he podido escuchar a jóvenes profesionales que intentan una solución y abogan por: 1) la libre sindicalización, 2) pero en torno a una Central, 3) que en todo momento esté prefigurada por las dinámicas de los sindicatos autónomos y 4) que no tenga posibilidad legal de transgredir su naturaleza coordinadora y representativa.

Asimismo, algunos opinan que, dada la preeminencia del trabajo y de los trabajadores, no deberíamos permitir la inexistencia o la debilidad de los sindicatos. Para ello defienden que el Estado esté obligado a promoverlos y garantizarlos de manera legal, institucional y económica (reitero, incluso económica). No obstante, igual señalan que esto siempre deberá efectuarse por medio de reglas y entramados institucionales que aseguren la “autonomía real” de los sindicatos con respecto a las entidades y autoridades del poder del Estado y de la economía.

En el análisis y debate sobre el mejor futuro de los sindicatos en Cuba, no faltan claridades, por ejemplo, acerca de fundamentos por afianzar, de instrumentos que deben poseer y emplear, y hasta de teorías que podrían tener en cuenta o incorporar. Sin embargo, desde Cuba Posible se alertó acerca de que los pilares del sindicalismo no están, sobre todo, en lo anterior. Todo ello puede aportar a su cualidad, pero no lo define. En tanto, los colaboradores de Cuba Posible han sostenido en diversos eventos que el cimiento de toda organización sindical se configura en el compromiso de: 1) procurar un equilibrio entre la defensa de los intereses de los trabajadores y el aporte a los intereses generales de la sociedad; 2) conquistar beneficios para los trabajadores, sin quebrantar el bienestar legítimo de otros o de la sociedad toda; y 3) no permitir, a toda costa, que se afecten los trabajadores como resultado de la impunidad que puedan disfrutar intereses espurios de otros, de empresarios, de poderes…

Teniendo en cuenta lo anterior, resaltamos que en la dinámica sindical se integran disímiles gestiones. No obstante, existen dos cometidos que, de diferentes maneras, atraviesan el universo de sus quehaceres: 1) la “negociación” y 2) la “lucha”. Con esto no afirmamos que la negociación esté exenta de la lucha, ni que esta última abandone el propósito de lograr acuerdos. Sólo esbozamos aquellos dos polos que deben sostener el pilar de toda organización sindical y que se integran en el desarrollo de sus funciones, aunque en unas ocasiones se prefigure la negociación y en otras la lucha. Cuantiosos pueden ser los mecanismos de negociación laboral que, además, se puedan emplear en beneficio de los más disímiles ámbitos y temas, vinculados con los trabajadores.

Por otro lado, desde Cuba Posible se reconocieron diversos instrumentos que pudieran resultar a favor de la lucha. Sin embargo, en este momento sólo me referiré a uno de ellos: la huelga. Todo modelo sociopolítico garantiza normas jurídicas, instituciones, medios y procedimientos para que la ciudadanía tramite sus inquietudes y anhelos, sin restricciones a la libertad. No obstante, en todos los casos, si bien en dimensiones diferentes, las sociedades padecen de déficits legales y/o institucionales para gestionar ciertos asuntos. Por ello la libertad para protestar públicamente ha de ser un derecho inalienable, aunque deba ser ejercido a partir de los procedimientos establecidos por la legislación correspondiente.

Dentro de esta perspectiva se inscribe el derecho de huelga, que constituye un logro del movimiento sindical. En tal sentido, hemos considerado que todos los trabajadores deberían disfrutar de ese derecho, con independencia de que laboren en una empresa privada o estatal. ¿Por qué no abogar por dicha igualdad? ¿En qué se fundamentaría la diferencia? Incluso, dado el caso de que algunos se empeñen en sostener que las empresas estatales expresan el poder soberano del pueblo y se consiga un funcionamiento capaz de implicar a todos los trabajadores como propietarios y gestores, auténticos y directos, de tales empresas, sería conveniente no excluir este derecho. El mismo podría constituirse en “barómetro” de cuánto el funcionamiento de esas empresas y la política encaminada a lograrlo, concretan o no esta aspiración.

En torno a un ejemplo de posibles mecanismos de negociación, pues ahí tenemos la propuesta de “Comisión Trisectorial”.

Asimismo, muchos enfatizan la necesidad de concreción de los derechos a: 1) un trabajo digno, 2) condiciones de trabajo, 3) un salario justo, 4) el establecimiento del salario mínimo, 5) la jornada laboral de siete horas diarias, 6) las jornadas laborales extras pagadas, 7) el debido descanso semanal de dos días y de un mes anual –pagados-, 8) la seguridad social, 9) la asistencia social, 10) la indemnización por despido, 11) un sistema de contratos colectivos de trabajo, 12) un régimen de justicia laboral, 13) el derecho a huelga,14) y que todos estos derechos se apliquen para el empleo público, privado y familiar.

Dada la importancia del tema y de los retos que impone para nuestro futuro próximo, Cuba Posible dedicó jornadas de debate entre colaboradores (todos con escaso conocimiento del tema y poquísima experiencia al respecto), con el propósito de alcanzar una comprensión y una posición compartida. Igualmente, dedicó esfuerzos y elaboró una propuesta. El documento se titulaPor un redimensionamiento del sindicalismo en Cuba”.

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