Cuba espera un proyecto de nación que ofrezca esperanzas, no odios ni rencores

Por Abdel Legrá Pacheco

La situación cubana es muy compleja. El sistema se tambalea económicamente, y no creo pueda soportar mucho más tiempo en sus posiciones de intransigencia. A la vez, no será posible una amplia apertura económica desde una rígida posición político ideológicas.

Por un lado, el poder parece desvanecerse. En contra de su voluntad ha tenido que echar atrás múltiples prohibiciones y medidas injustas. Además, es evidente que en los últimos tiempos el pueblo le ha ido perdiendo el miedo.

Confianza, confianza, confianza, nuevamente es el pedido de las nuevas autoridades. A pesar del trabajo en equipo, y no unipersonal, como anteriormente se venía realizando por el líder de la revolución, ya piden esta confianza en un contexto muy desgastado y con una precariedad sin igual.

Como dictadura al fin, ha podido mantener una férrea unidad en su cúpula gobernante y los diferentes niveles del Estado. Ello la hace fuerte ante una oposición o disidencia interna dividida y fragmentada. Lo cual ahora sus propios órganos de inteligencia.

Por otro lado, la diáspora o exilio cubano, que cuenta con la libertad que no tienen los grupos opositores dentro de Cuba, y además posee los recursos económicos y medios de comunicación, también se encuentra dividida y en peleas insulsas, que atentan contra la propia lucha por la democracia dentro de Cuba. Las descalificaciones de unos y otros es vergonzosa, lo cual es aprovechado por el régimen para desacreditar tal participación del exilio, y también a quienes pretendemos, desde la Isla, llevar a cabo importantes cambios.

Sería imprescindible un líder, de sólida cultura, con buenas dotes de orador, un profundo conocimiento de la historia cubana y sobre todo leal a convicciones incuestionables. Capaz de proponer un proyecto de Nación inclusiva de las diversas posiciones dentro del exilio y dentro de Cuba.

Es necesario unirnos (aunque sí debemos rechazar la unanimidad), tarea difícil (al decir de José Martí), pero no imposible. Resultó factible durante nuestras luchas independentistas, si bien ahora no necesitamos una unidad para la guerra, sino la para paz, para hacer valer los Derechos Humanos de todos, para restablecer una Democracia verdadera.

Nos acercamos a un abismo desconocido, sobran odios y rencores. Se hace necesario trabajar a tiempo. Hacen falta las personas adecuadas y el proyecto capaz de evitar un desenlace fatal. El pueblo cubano se merece un cambio sin revanchismos, odios y venganzas, donde los que tengan culpas de un lado o del otro puedan ser juzgados en un debido proceso, donde nadie pueda tomarse la venganza por su mano.

El pueblo espera un proyecto de Nación que ofrezca confianza y esperanza, no odios ni rencores.

Un comentario sobre “Cuba espera un proyecto de nación que ofrezca esperanzas, no odios ni rencores

  1. BUEN ESCRITO.
    Aunque no coincido al 100% con todo, creo que lo más importante es el que se planteen ideas. Ya el tiempo, la práctica más la confrontación con otras ideas similares irán produciendo una decantación hasta que queden sólo las mejores.

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