Sin un pacto social incluyente sólo podremos aspirar al descrédito colectivo

Por Roberto Veiga González

El pasado mes de septiembre publiqué una serie de entrevistas con una introducción titulada “¿La democracia al centro del debate político cubano?”. En noviembre divulgué un análisis personal denominado “Cuba: arreglamos el país o comenzamos a dejar de tenerlo para siempre. Informe sobre nuestro Rubicón del 2020”. A propósito, recibí cuantiosas comunicaciones que señalaban la necesidad de abogar nuevamente por una reconciliación nacional y proponían incorporar el asunto al trabajo por realizar.

Intercambié con algunos colegas y estimé sólidos tales argumentos. A la vez encontré una diferencia sustancial entre las actuales proyecciones al respecto y el modo en que fue formulada, durante 2005-2014, a través de la revista católica Espacio Laical. En aquel entonces era solicitada una reconciliación capaz de facilitar las reformas sociopolíticas necesarias. Pero ahora estos criterios sostenían la necesidad de una transformación sociopolítica que facilite la reconciliación indispensable. Comprendí que esto no resulta una variación superficial del orden de los términos, sino una lógica distinta, quizá acorde a las complicaciones nacionales.  

Con posterioridad convoqué a colegas importantes y organicé tres bloques de entrevistas que comenzaré a publicar durante las próximas semanas. Algunos participantes consideran que nuestra realidad no sugiere un proceso de reconciliación según es concebida por la experiencia histórica y la teoría política. Sino a modo de disposición política positiva general que se inicie desde el poder a favor de la inclusión y la civilidad democrática. Otros estiman que las arduas dificultades para ello indican la necesidad de un “plus” capaz de hacerlo posible y a esto le llaman reconciliación. Ambas inclinaciones, a la par, abundan en argumentos. 

Declinaron participar colegas que no desean, o no consideran factible, cierto tipo de reconciliación. Igualmente, si bien de manera paradójica, por alguna razón rehusaron incorporarse otros que promulgan la reconciliación con mayor ahínco que quienes me sugirieron incorporar el tema y que los autores de las respuestas a estos cuestionarios. Ello, quizá, sea un signo lamentable en torno a la reconciliación deseada.  

Agradezco a los excelentes participantes y convido al análisis de todos. Sin ello será imposible convertir la incertidumbre en certeza, el conflicto en solución, la inopia en bienestar y la severidad en libertad. De lo contrario sólo podremos aspirar al descrédito colectivo y esto sería inaceptable.     

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s