Justicia en la medida de lo verdaderamente posible

Por Roberto Veiga González

Es probable que el futuro depare un ajuste sociopolítico en Cuba, a modo de una reconciliación según la experiencia histórica o, como opinan algunos, a manera de una apertura política e institucional orientada a la inclusión y la civilidad democrática. En cualquier caso, tal acontecer demandaría la atención de cuestiones, como, por ejemplo: daños por resarcir y restituciones, derechos derogables y no derogables, justicia legitima, la veracidad sobre los sucesos pasados y la llamada memoria histórica. 

Para incursionar en estas materias, las interrogantes se esbozan a partir de lo ocurrido en otros lares, si bien todo pudiera sobrevenir diferente en la Isla, pero ahora no es posible definir las categorías del futuro. Por ello tampoco pretenden la concreción de un marco de ideas al respecto, sino la apertura de un horizonte de búsqueda. Participa el politólogo Jorge Ignacio Domínguez.

¿Qué tipo de procesos sociopolíticos han sido denominados de reconciliación nacional?

A través de la historia, se han desarrollado procesos de reflexión histórica, convocados por el parlamento nacional y promovidos y secundados por la sociedad civil. En los 1950s, un ejemplo fue la reconsideración del papel de Stalin en la Unión Soviética. A fines de los 1970s y comienzos de los 80s, algo similar fue la reconsideración del papel de Mao Ze-dong en China, en particular durante la llamada revolución cultural. Más recientemente, otros ejemplos de experiencias de reflexión, más amplias algunas que otras, pero no limitadas a alguna figura de especial relieve, han ocurrido en África del Sur y en los países del Cono Sur sudamericano.

Los objetivos son diversos pero, por lo general, aglutinan justicia, verdad, y reconciliación. En búsqueda de la justicia, el propósito es investigar y castigar a quienes cometieron crímenes, en particular asesinatos y torturas. En búsqueda de la verdad, la intención es esclarecer lo más posible los momentos más tenebrosos de la historia nacional. En búsqueda de la reconciliación, la tarea se enfoca en facilitar una transición hacia un futuro de plena participación, sin triunfalismos y sin víctimas.

En la práctica, estos objetivos suelen ser contradictorios. La pesquisa de la justicia suele motivar la resistencia de quienes serían acusados, y también de sus familiares, amistades, antiguos colaboradores, y correligionarios, dificultando la justicia y ocultando la verdad. El hincapié sobre la verdad – hecho famoso en Sudáfrica – se basa en el canje entre una declaración de las culpas

de los culpables de abusos y crímenes a cambio de un perdón legal que evite los castigos en nombre de la justicia. La prioridad de la reconciliación – hecho famoso en España, muerto Franco, mediante el lema “borrón y cuenta nueva – subrayó la construcción de un régimen político constitucional y democrático, con amplias libertades, pero por décadas sin empeño por impartir justicia ni indagar sobre la verdad, más allá de la labor profesional de historiadores.

Las grandes revoluciones dividen a su pueblo. La guerra de independencia de Estados Unidos desató una persecución de quienes apoyaron a Gran Bretaña, la expropiación no compensada de sus propiedades, y su exilio en lo que hoy conocemos como Canadá. La revolución francesa, y la restauración en su contra, se caracterizaron por graves excesos de violencias y abusos. La revolución rusa fue seguida de una guerra civil e intervención foránea. La revolución china, en particular durante los 1960s, se volcó en contra de muchos que habían sido sus principales figuras.

¿Resulta compatible con la realidad cubana un proceso de reconciliación a la manera concebida por la experiencia histórica y los estudios políticos?

Cuba se encuentra en tal compañía. La revolución dividió a la nación. Produjo exilio, no concluido. Generó presos políticos, y acusaciones de muertes y torturas injustificadas en prisión, así como abusos de la imposición de la pena de muerte por tribunales violatorios de los derechos de los acusados. Se desató una segunda guerra civil durante los 1960s, que el gobierno tildó despectivamente como “lucha contra bandidos.”

La oposición a la revolución no estuvo exenta de problemas graves, experiencias complicadas por la persistente y agresiva intervención del gobierno de Estados Unidos. Los intentos de asesinato de Fidel Castro son un ejemplo, muchos auspiciados por EEUU, pero su ejecución solía depender de cubanos y, con el tiempo, hubo asesinos que actuaron por su cuenta. La campaña de sabotaje desatada por EEUU, sobre todo durante el primer quinquenio de los 60s, merece una frase que se inventa después, es decir, fue terrorismo de Estado. Algunos de los peores ejemplos de terrorismo, por las 73 personas que mueren, no fueron responsabilidad de EEUU sino de cubanos opuestos al gobierno cubano, en particular la explosión que destruye el avión de Cubana de Aviación por sobre los cielos de Barbados.

En el caso de Cuba, ¿qué debería buscar un supuesto proceso de reconciliación nacional?

La receta en búsqueda de la reconciliación apuesta al futuro, requiere un olvido estratégico de la mayor parte de las razonables quejas que las partes contendientes sufren y expresan, y una disposición generosa de construir conjuntamente una nación, sobre los hombros de, y compartida por, quienes hasta ayer fueron enemigos acérrimos.

La receta en búsqueda de la verdad abre archivos, tanto en Cuba como en Estados Unidos, entrevista a muchos, tolera la impunidad con tal de que se confiesen los pecados, e impone multas no más quejumbrosas que la obligación de un ateo a rezar un rosario.

La receta en búsqueda de la justicia alista al Estado, según la configuración de un nuevo régimen político, a establecer responsabilidades y culpas, con castigos pertinentes, aunque el número de los eventualmente castigados sea mucho menor que el número de los verdaderamente culpables.

¿Exagero? Un poco, sí, pero se debe desde cualquier comienzo reconocer que hay tres objetivos loables y razonables que no son plenamente compatibles entre sí.

En ocasiones las circunstancias conducen a la política hacia rutas intermedias. Quizá en Cuba resulten necesarias. ¿Qué opina UD?

Hay rutas intermedias, aunque difíciles. Un asesinato de un preso político inerme es un crimen grave, que viola derechos no derogables. Una bofetada es también un crimen, evidentemente no del mismo rango, que en rumbo a la reconciliación no se castiga con tal que se confiese. Un posible procedimiento puede ser la prioridad de la justicia en casos de muertes, y la prioridad de la verdad, y posible reconciliación, en casos de crímenes menores.

Para ambas partes, los momentos de mayor importancia, por el número de muertes, de presos, y de sabotajes, ocurren durante los 1960s. Ya muchas de las víctimas que sobrevivieron aquellos años no viven; ya muchos de los responsables de crímenes en aquel momento tampoco viven. La falta de los primeros y de los segundos dificulta precisar qué pasó, y anula el camino del castigo a quien perpetró un crimen. Fue precisamente la distancia con relación al origen en la Guerra Civil de fines de los 1930s que a fines de los 1970s permitió a España seguir por el camino del “borrón”. En el caso de Cuba, la distancia es aún mayor, si bien a veces tanto en La Habana como en Miami parece que todo ocurrió ayer.

Este factor histórico, sin embargo, plantea otra opción. El Estado cubano asume la responsabilidad de compensar, en la medida de lo posible, a los descendientes de las víctimas. Por su parte, algo similar debe ocurrir en el caso de Estados Unidos, por las responsabilidades que sean suyas. El procedimiento es de respaldo a los buenos, sin exigir el castigo de los malos ya difuntos. Hay justicia así en la medida de lo verdaderamente posible.

La cuestión de la “memoria historia” resulta sustento de una nueva convivencia que incorpore a todos en la justicia. Por favor, sugiera al respecto.

La apertura de archivos privados y públicos, en Cuba y en EEUU, apuntalaría la búsqueda de la verdad en ausencia de víctimas y victimarios. De la misma manera, la responsabilidad es del Estado, en ambos países, con el detalle adicional que un tribunal de justicia posea la autoridad y capacidad de ordenar la apertura de un archivo privado, cuando hay indicios de su pertinencia para esclarecer la verdad.

Por último, los pasos a la reconciliación quedarían principalmente en manos de los ciudadanos de ese nuevo hito histórico, pero también debe el Estado asumir sus responsabilidades. Esa es la tarea de redacción de libros de textos de historias para las escuelas, de la remodelación del diseño y contenido de museos de historia y de artes, de la construcción y reconstrucción de monumentos que deben honrar ya que, en el canon cívico nacional, honrar honra.

Esta visión apuesta más a la reconciliación, pero lo hace reconociendo el hecho práctico que elementos de justicia e inclusive de búsqueda de la verdad se habrán dificultado por razones fuera del dominio de todos. Esta visión reconoce que la justicia y la verdad requieren acción, pero prioriza la compensación de los descendientes de las víctimas. Establece la responsabilidad del nuevo Estado en materia de justicia y verdad, pero también en dimensiones importantes de la reconciliación, aunque insistiendo que ésta depende, en primera y última instancia, de ciudadanos que desean construir una nación con todos y para el bien de todos.

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