Siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido

Por Roberto Veiga González

Hace pocos días acontecieron los ciento veintinueve aniversarios del Partido Revolucionario Cubano (PRC) fundado por José Martí el 10 de abril de 1892. Quizá aquella proeza todavía nos muestra una ruta porque acaso no hemos cumplido sus propósitos.  

La independencia de Cuba fue el contenido principal que dio carácter asociacionista al PRC puesto que era el objetivo inmediato que convocaba. Si bien para Martí el sentido exacto de ella estaría en una República de Derecho.

Al respecto especificó en su discurso de Tampa del 26 de noviembre de 1891: “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos y no para acorralarlos.”

Acerca de la libertad aseguró en un artículo en La América, de New York, en septiembre de 1883: “Como el hueso al cuerpo humano, y el eje a una rueda, y el ala a un pájaro, y el aire al ala, así es la libertad la esencia de la vida. Cuanto sin ella se hace es imperfecto.” Especificó además que “la libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”. Para concluir que “me parece que me matan a un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho a pensar”; y finalmente profetizar que “el respeto a la libertad y al pensamiento ajeno aún del ente más infeliz, es mi fanatismo: si muero, o me matan, será por eso”.

Sobre esta orientación de la independencia fue radical el Apóstol. En carta del 20 de octubre de 1884 al general Máximo Gómez afirmó que el despotismo político de unos cubanos sobre otros sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político de una metrópolis sobre una Cuba colonizada.

Con esa vocación de independencia para libertad, al referirse a los designios del PRC en el periódico Patria el 27 de mayo de 1893, especificó que en ese momento “todo el caso político de Cuba está en la lucha por el predominio entre lo cubano y el español”. Pero no dejó de advertir el derecho de todos como cubanos, incluso el respeto a los anexionistas y autonomistas. 

Acerca de esto había precisado, el 3 de abril de 1892 en Patria, que en tales circunstancias el vocablo partido no puede significar mero bando o secta, o reducto donde unos criollos se defendiesen de otros. Especifica que ese caso el término sólo ampara el esfuerzo ordenado, con disciplina franca y fin común, para vencer a un adversario deshecho.

De este modo, el partido estuvo integrado por todas las asociaciones que aglutinaban a cubanos independentistas, las cuales continuaron trabajando de forma independiente. La actuación unitaria podía exigirse sólo para aquellas cuestiones en que habían aceptado obligarse en relación con la independencia. La dirección recaía en un consejo constituido con los presidentes de todas las asociaciones miembros. Ejecutaban las decisiones de este un delegado y un tesorero, electos anualmente por los asociados. Cada asociación tenía un voto por cada grupo de 20 a 100 miembros. O sea, no era un partido clásico, sino una confederación de asociaciones civiles y políticas con una amplia base democrática.

Para José Martí, esclareció en Patria el 16 de abril de 1892, ninguna persona o institución debe monopolizar los esfuerzos de una República. Exclusivamente puede reclamarse alguna convicción de “unidad” en esas horas supremas de la Patria que requieren el esfuerzo conjunto de todos. Pero sólo por el periodo imprescindible y con la única intención de entregar el país a la actividad diversa de sus habitantes.  

Opinaba que una República no se construye a través del predominio de una sola expresión y el silenciamiento de otras. Aseveró en Nuestra América que “comete suicidio un pueblo el día en que fíe su subsistencia a un solo futuro”. “Los debates continuos, brutales a puro francos, de la contienda política, robustecen en el hombre el hábito de expresar su opinión y atender a la ajena”. Estaba seguro además que ello no se garantiza con una agrupación política exclusiva y lo afirma cuando sentencia: “siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido” (Esc. México Vol II, p. 882).

Al presente tenemos independencia quizá consistente si fuera entendida como la soberanía vista desde el extranjero. Pero debemos adelantar en la soberanía del pueblo, o sea, en el ejercicio político efectivo de cada cubano. De lo cual depende, esencialmente, la auténtica independencia de la nación. Esa República de ciudadanía libre y activa, sentido exacto de la independencia para José Martí y cometido del PRC que esperaba entregarle el país a la actividad diversa de los cubanos, aún debe consumarse.

Tal vez sea hora de refundar el Partido Revolucionario Cubano, pues apremia confederar democráticamente a los cubanos que optan por ello. Además, hacerlo sin alguna aspiración de exclusividad, sino orgullosos de compartir la República con todas las posiciones ideo políticas posibles, y convencidos de que mientras mayor cantidad de estas existan y mayores sean sus diferencias, más amplias y robustas serán las oportunidades de todos.    

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s