Por una Cuba Próxima: ocho preguntas para entender su perspectiva

El Mensaje por una Cuba próxima, del pasado 3 de mayo, originó un intercambio de opiniones e interrogantes entre miembros de Cuba Posible (CP) y el público en general. Uno de los más interesantes se produjo entre Roberto Veiga González, director de CP durante 2014-2019, y Oscar Grandio Moráguez, historiador cubano. El resultado de esta serie de preguntas y respuestas se transcribe a continuación:

Oscar Grandio Moráguez (OGM): Roberto, en la actual coyuntura de revitalización del disenso en Cuba, con el surgimiento de nuevos actores que han transformado el disenso y lo han hecho más inclusivo, expandiéndose este más allá de los usuales que hasta ahora habían monopolizado las críticas disruptivas y no disruptivas hacia el gobierno, ¿por qué articular ahora una nueva plataforma?

Roberto Veiga González (RVG): Debemos mirar al futuro con realismo y sentido de urgencia. El único modo de lograrlo es afrontando, sin cortapisas, los principales desafíos nacionales. La discriminación política, racial, de género, de orientación sexual; la incorporación de la emigración a los afanes internos; el envejecimiento poblacional y la necesidad de un sistema de pensiones solvente; el mejoramiento de los sistemas de educación y salud, y de otras prestaciones sociales; la organización del mercado laboral a partir de las capacidades educativas, y el pago de un salario que satisfaga las necesidades básicas, e incentive la productividad y la calidad del trabajo; y la construcción de la infraestructura socioeconómica del país.

Ello como resultado de una crisis que se profundiza, incluso de manera endémica. Esto producto de la combinación de un modelo económico ineficaz, una excesiva dependencia económica de Venezuela y las consecuencias de la crisis en ese país, las presiones que provienen de la Casa Blanca, y la carencia de voluntad gubernamental para permitir una sociedad civil empoderada. Esta última cuestión, a su vez, ha impedido el desarrollo de las condiciones democráticas necesarias para revertir dicha crisis y definitivamente asegurar la centralidad de los Derechos Humanos.

Todo esto, agravado por una especie de colapso a causa del Covid-19. Lo cual ha elevado los índices de empobrecimiento y desigualdad; empeorados con la ausencia de turismo, la dolarización forzosa de la economía y una reducción de las remesas familiares debido a los efectos de la propia pandemia.

O sea, disimiles y sensibles discriminaciones, con una pobreza en expansión, ahondan el fracaso de las generaciones actuales y prefiguran un destino fatal para nuestros hijos. A la vez muchas de estas resultan la profundización de inaceptables males de larga data y en algunos casos constituyen laceraciones indecentes que arrastramos por siglos. Las dificultades raciales son la más penosa expresión de ello. Debemos afanarnos en la integración racial porque, de lo contrario, seremos una nación pueril y un Estado mediatizado.    

Esto signado además por la reducción de la legitimidad del poder establecido hace seis décadas y la aparición de nuevos actores en el arco de la oposición pública que abogan, desde perfiles culturales, políticos y de defensa de derechos de minorías e identidades particulares, por una democratización efectiva. Lo cual proviene de esa noción general de hecatombe, sin que importe la preferencia ideo política, con sólo escasísimas excepciones.

Como consecuencia, por primera vez la generalidad social -con excepción de un por ciento ínfimo- se encuentra en idéntico estado de desesperanza y reclamo. O sea, por primera vez el anhelo de cambio no proviene sólo de motivaciones políticas e ideológicas contrarias al gobierno o de supuestas exquisiteces formuladas por segmentos intelectuales, sino producto de fracasos generales que de algún modo integran a toda la sociedad, nuevos y viejos actores, sectores recientemente excluidos o preteridos desde siempre.

A la vez el poder no comprende tal imperativo o hace como quién no lo percibe. Por ello sostiene, lo más férreamente posible, la ausencia de oportunidades que pudieran facilitar un cambio. Si bien a estas alturas la generalidad de los mecanismos para sujetar la autonomía ciudadana ya no le ofrece los provechos de otrora, sino por el contrario.  Esto dificulta y encarece los esfuerzos por el cambio, pero quizá también contribuya a forjar una sociedad civil auténtica, definitivamente no tutelada, capaz de alcanzar una democratización política cierta.

La solución del país será con todos -realmente- o no habrá solución. Marchamos juntos, si bien libre cada cual y cada propuesta, o sólo podremos esperar un presente perpetuo -inclusive cada vez más decadente.

Ante este instante histórico límite sólo cabe servir para que las necesidades y sueños de los cubanos no se conviertan -definitivamente- en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

OGM: Para muchos esta nueva plataforma no difiere de la anterior que ustedes habían estructurado, y que para estos tenía propuestas de origen destinadas al fracaso.

RVG: Ya no será Cuba Posible. Ella fue una inmensa obra de tantos buenos cubanos y amigos de Cuba que tal vez constituya un espíritu cívico, pero no un derrotero político futuro, porque forma parte esencial de ese universo de oportunidades nacionales malogradas para siempre a causa de la más rancia e inepta oficialidad. Sin embargo, Cuba Posible no fracasó, quien fracasó fue la represión, al menos por cinco razones.

Primero, demostró que era posible, inclusive en un régimen no democrático, abrir un espacio para discutir, dialogar y discrepar civilizadamente, más allá de otros espacios limitados con auspicio oficial; que además comenzó a educar sobre cómo se discrepa y por qué ello resulta bueno y sano; y del respeto a las personas y los criterios que demanda todo diálogo. A la vez no se limitó a una franja social y política, pues -si bien no absoluta- incorporó una gran amplitud.

Segundo, no sólo ofreció testimonio acerca de una amplitud temática, sino además solidaria. No fue el Cardenal Arzobispo de La Habana, ni fueron los reformistas del PCC, sino un grupo mucho más heterogéneo que descubre que existe y, por tanto, genera vínculos de respeto, apoyo, amistad y siempre solidaridad. Fue parte fundamental del nacimiento de la “sociedad civil” en el importante sentido técnico de esa expresión.

Tercero, demostró que hubo, y que hay, opciones, no solamente una. No se trata simplemente de conservadurismos, represiones, revanchismos, porque existe una gama de posibilidades. El centrismo, promovido como insulto, es valioso, productivo, democrático y esperanzador.

Cuarto, las ideas de Cuba Posible son semillas que perdurarán. Ciertamente, no todas, pues algunas se perderán, pero la siembra hará posible una enorme cosecha.

Quinta, quien fracasó fue la represión. Al intentar desacreditar a Cuba Posible y asfixiar sus posibilidades polarizaron las circunstancias y lograron una oposición francamente radical. De ese modo quedó demostrado que cerrar las puertas y las ventanas jamás será una opción política estable.

OGM: ¿Cómo se articularía la nueva plataforma con los diversos movimientos y personas que, desde unas posiciones críticas más radicales y confrontativas hasta otras más moderadas, con diferentes enfoques ideológicos y de estrategia, tienen el mismo objetivo: la transición de un régimen totalitario a uno democrático?

RVG: Alienta dicho empeño la actual circunstancia limite que reclama un atrevimiento democratizador. No pretendemos duplicar esfuerzos que ya existen, ni competir con ellos. Sino aportar, a modo de integración estratégica, una visión de contribución. En todo proceso social cada actor posee algo que pudiera contribuir a los demás y a su vez estos poseen mucho que pudieran ofrecer a este. Por eso lo adecuado será aprovechar experiencias y vínculos de todos, para colocarnos recíprocamente al servicio unos de otros, ya sean los más radicales y confrontativos o los más moderadas, con independencia de enfoques ideológicos y de estrategia.

Las diferencias políticas, incluso abismales, pueden ser energía vital de cualquier proceso sociopolítico, cuando comparten objetivos fundamentales. Por esta razón ahora priorizamos la defensa del Estado de Derecho como variable política capaz de favorecer diversas aspiraciones e intereses, añejos y nuevos segmentos de actores. Ello sostenido en dos pilares: 1- El desarrollo de los Derechos Humanos, el imperio de la ley, la inclusión sociopolítica, la democracia, el bienestar y un contexto internacional favorable, por medio de la distensión y el diálogo. 2- La participación decisiva de la ciudadanía a favor de la Cuba que queremos, desde un ejercicio abierto al equilibrio entre lo posible y lo imposible.

OGM: ¿Se dará una articulación de manera horizontal con una integración plena a un futuro movimiento unitario que pudiera crearse? ¿Se mantendrá como una plataforma independiente y hablando solamente en nombre de sus adherentes?

RVG: La plural sociedad cubana no demanda una integración al modo de coincidencia unitaria, sino un compromiso con valores e instituciones que permita dirimir pacífica y democráticamente los desacuerdos y, a la vez, desatar el ejercicio ciudadano. Si bien ello exige colocarnos recíprocamente al servicio unos de otros por medio de una integración horizontal gestionada a través del diálogo y orientada hacia una gestión coordinadora de estrategias que facilite la defensa de los objetivos comunes. Ello a través de alguna plataforma mayor, no a manera de marco para todos que absorba, sino de horizonte compartido que libera. A esa perspectiva serviremos y ello tendrá que prefigurar las estructuras y metodologías de labor.

Queremos servir a estos sectores y sostener posiciones propias. Generaremos ideas, no como construcciones teóricas ni a tono exclusivo con las preferencias de los elaboradores, sino a partir de las sugerencias y contribuciones de profesionales, opositores democráticos, activistas de la sociedad civil, actores económicos y ciudadanos en general. También contribuiremos con otros apoyos útiles al fomento de interlocución, entendimiento, redes de solidaridad y trabajo mancomunado entre actores diversos nacionales e internacionales, con iglesias, gobiernos, cancillerías, comisiones parlamentarias, grupos empresariales, movimientos sociales, agrupaciones políticas y think tanks.

Trabajaremos con disimiles agendas. Las de identidades particulares (racial, género, religiosas); de ámbitos concretos (medio ambiente, protección al consumidor, animales); de asuntos transversales (electorales, económicos, laborales, judiciales, etcétera); y de cuestiones clasistas que, por ejemplo, abogan por las libertades económicas mientras advierten no confundir al país con una zona franca, ni al Estado con una mera institución fiscal, porque necesitamos de ello, pero siempre al servicio de la sociedad.

También a favor de las “familias políticas cubanas”, que tal vez disfrutan de potencialidades futuras, pero actualmente no están configuradas de manera suficiente. En este sentido, debemos atender además la sugerencia de articular, en un proyecto político, a la diversidad que durante más de una década compartimos la defensa de una República inclusiva, que no discrimine por motivos políticos, permita el ejercicio de las libertades ciudadanas sin miedo y a la vez garantice los derechos sociales de todos los cubanos, además comprometida con la soberanía nacional/ciudadana.  

OGM: ¿Cuál sería entonces la actual naturaleza institucional de esta plataforma? 

RVG: Será a la vez plaza pública, taller de trabajo, foro de diálogo, mesa de negociación, movimiento social, tertulia informal, agrupación política, instituto de politología. Aunque en ocasiones aportará sobre todo como foro de diálogo y en otras como mesa de negociación o de agrupación política. Además, sin equívoco, cuando evolucione el trabajo asumirá definitivamente, por ejemplo, como instituto de politología o agrupación política -según demande el compromiso con la sociedad y la República.

Pero en cada momento será necesario reconocerse un carácter institucional alejado de orgullos ridículos que falseen el desempeño propio. El trabajo actual estará enrumbado a convertir las ideas en acción, en historia. De lo contrario estudiar, pensar, opinar, podría resultar un entretenimiento estéril, o enajenante. Pero a su vez la praxis requiere de ideas. Esto reclama -continuamente- búsqueda, información, análisis y conocimiento de las circunstancias, para de esta manera definir -en todo momento- cuáles serían las proyecciones adecuadas sobre cada asunto. También requiere -siempre- convertir esas hipótesis o tesis en actos, en realidad.

Por ello, considerando que trabajaremos cuestiones políticas desde el estudio de los indicadores del Estado de Derecho y hacia el compromiso con la gestión ciudadana, aceptamos la sugerencia de “Centro de Estudios sobre el Estado de Derecho”. Operaremos además con una especie de marca; ahora Cuba Próxima que, con el abrazo, nos advierte esa carencia de valor para abrirnos unos a otros y romper las murallas que impiden el respeto, la acogida, la libertad, la democracia.

OGM: ¿Qué elementos tienen para pensar que ustedes, recién rearticulados como plataforma política, que ha estado inactiva por varios años, puedan ser reconocidos por la diversidad crítica como los encargados de conducir ese diálogo?  

RVG: No pretendemos conducir ese diálogo. Sólo deseamos integrarnos a ese diálogo como parte de la diversidad ciudadana, dialogando dentro de la sociedad civil, y como miembro de ese conjunto amplio y plural gestionar la transformación del Estado -ojalá por medio del diálogo.

Lamentablemente, no será posible un diálogo nacional hasta que el poder lo garantice, pues los espacios y cambios que demanda requieren de los instrumentos del Estado. Si bien los actores ciudadanos podemos avanzar hacia un consenso sobre ese nuevo pacto social que late en las entrañas de la Isla. Lo cual aportaría suma potencialidad porque, en última instancia, jamás el Estado, incluso en las dictaduras, consigue aquello que la sociedad no le permita.

Optamos decididamente por ese diálogo, puesto que sólo existen dos opciones, la guerra o el entendimiento. Inclusive, si el poder continúa con la exclusión y represión, toda lucha deberá precaver un mayor sacrifico de los cubanos. Cuba está agotada y ello demanda paz y democracia, no una guerra.

OGM: En relación al diálogo, ¿cuál sería la estrategia para buscar el diálogo con un interlocutor que no ha mostrado ninguna voluntad real para hacerlo en las actuales circunstancias?

RVG: Considero que el poder no desea disponerse a un diálogo. Si bien llegado un punto tal vez no posea opción ante un país arruinado y frente al consenso de sectores sociales dispuestos a salvar a Cuba -que es decir, el presente de todos los cubanos.

Pero ello no será fácil. El estado permanente de conservadurismo, represión y revanchismo desgastan cualquier convocatoria al diálogo. Mas renunciar a este sólo conduciría a una especie de cuesta abajo infinita. A la vez debemos comprender que lograrlo depende de condiciones precisas. 

El poder suele rechazar todo diálogo o negociación si no le resulta necesario. También cuando las contrapartes carecen de pujanza. Asimismo, estas pueden ser activas, pero se les hace difícil alcanzar el vigor estratégico necesario cuando tuvieran mucho que ganar, pero ya poco que perder. Quizá esto último influye demasiado, aunque no lo consideramos de manera suficiente.

Tal eficacia implicaría un diálogo dentro de la sociedad civil en general, además orientado hacia una coordinación plural a favor de la transformación del Estado. Ello a partir de un consenso sobre los grandes temas nacionales, que no debería intentarse sobre todos y cada uno de los aspectos de la realidad, pues eso empobrecería. Únicamente un acuerdo general y a la vez preciso, que establezca horizontes sólidos. Capaz igualmente de ser estimado en todos los círculos de activistas y sus allegados, y por los más variados y amplios sectores nacionales e internacionales, incluso por segmentos cercanos al oficialismo. Sólo entonces las contrapartes del poder alcanzarían la pujanza indiscutible para brindar testimonio modesto, pero certero de la solución nacional -sobre todo cuando la sociedad lo reclama con urgencia.    

Ningún poder de un país tan estropeado y desesperanzado podría objetar un diálogo ofrecido con tamaña vitalidad. O pudiera rechazarlo, mas no sobrevivir.

OGM: ¿Cuáles serían las condiciones mínimas para considerar iniciado un proceso de democratización y diálogo en Cuba? 

RVG: El origen de cualquier proceso de esta índole provendría de la convergencia entre los peligros nacionales y las necesidades sociales apremiantes, con las posibilidades que deriven de una sociedad civil pujante y un poder que incorpore sentido común. De esta correlación podría proceder la voluntad de diálogo, esa distención política indispensable, y el propósito de una convivencia civilista.

Lo anterior sería parte de un proceso de democratización y diálogo, pero sólo como simiente. Para que concurra de modo explícito, todos debemos asistir con garantías a la construcción de la cosa pública. A través, por ejemplo, de las libertades de asociación y prensa, los derechos políticos y una reforma electoral que facilite el acceso de todos a los cargos de autoridad pública.

Tal vez con ello bastaría para considerarlo iniciado. Lo otro, la edificación del Estado de Derecho mejor posible, será una labor progresiva, asentada siempre en la libertad, la democracia y el diálogo, propia de sociedades ya democráticas -con ciudadanos demócratas.  

Un comentario sobre “Por una Cuba Próxima: ocho preguntas para entender su perspectiva

  1. Todo muy bien argumentado pero… Comentando con conocidos de una diversificación amplia, dígase a lo cubano desde sin zapatos hasta universitarios consagrados, volvemos a caer en lo mismo… El márketing (en el mejor de los sentidos) de estas iniciativas es pobre. Y eso lo hace quedar como siempre en buenas pero inútiles iniciativas. El 98% no conoció a Cuba Posible, cosa lógica pues iniciativas como esa no llegan al cubano de a pie pues antes las pasan por el sombrero del mago para no ser vistas y comprendidas. Solo ven los espectáculos de marionetas de grupos como San Isidro y demás, que sirven para ridiculizar las ansias de todo un pueblo por sus actores faltos de carácter y dignidad (sin ofender, opinión personal). Hace falta aumentar el espectro de las ideas para que en los lugares más remotos se conozca de los esfuerzos que se realiza por parte de los intelectuales en cuba antes que no se sepa de ellos. Hacer de estos nuevos posibles líderes figuras a seguir (siempre y cuando no los cubra el manto de la solvencia y sean pasto de críticas por desigualdad con las masas)

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